La definición: «Hacer presente el Nacimiento para conmover»

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Los cuatro capítulos anteriores han hecho todo lo que hay que hacer antes de definir, y no han definido. Han leído lo que se quiso la primera noche, han dicho qué le pasa a quien tiene delante una escena del Nacimiento, han recorrido el mundo que nació de aquello capa a capa, y han medido cuánto de ese mundo alcanza a nombrar la palabra en las dos lenguas que la tienen. Lo único que falta es lo que cualquiera pregunta primero: qué es esto, dicho en una frase que se pueda repetir.

El orden no ha sido un rodeo. Una definición que se enuncia al principio no se prueba después: se ilustra, y de definiciones nacidas así está lleno el asunto. Esta llega al final porque cada una de sus palabras tiene detrás un capítulo que la ha establecido, y el lector puede ir a comprobarlo. Es la diferencia entre una frase que se sostiene sobre quién la firma y una que se sostiene sobre lo que la precede. Este Manual no tiene academia ni decreto que lo respalde, y no los necesita: tiene el expediente a la vista.

Hay una cosa más que el capítulo anterior dejó establecida y que conviene tener presente desde la primera línea, porque explica por qué esta definición no se parece a las que circulan. Las definiciones heredadas — las de los diccionarios, la del documento que declara el belenismo patrimonio en España— definen por el objeto: por las figuras, el escenario y la temporada. Y lo hacen porque el vocabulario con que se escriben mira al objeto: Krippenbau es «construcción de pesebres», presepistica es «arte de construir y montar», pessebrisme es «art de construir».1 Quien define desde ahí no se equivoca; dice lo que su palabra le deja decir. Una definición por el propósito tiene que romper ese hábito a sabiendas, y decirlo.


El nombre, primero

La definición empieza nombrando la práctica, y no puede escribir esa primera palabra sin haberla elegido. El capítulo anterior dejó preparada la decisión con un expediente de seis puntos y no la tomó, porque no es una decisión de método sino de autor.2 Se toma aquí, y se toma con el expediente delante.

Los seis puntos, en una frase cada uno, para que el lector no tenga que volver atrás. Uno: en el diccionario de la lengua española, belenismo lleva la marca de España y pesebrismo no lleva ninguna. Dos: las otras cinco lenguas del Manual nombran el objeto por el pesebre, no por la ciudad, y el latín de la federación internacional va por el mismo camino. Tres: la señal que da el evangelista es el pesebre. Cuatro: la voz catalana nació marcada por una ciudad y hoy es normativa sin marca — hizo hace un siglo el camino que la española tiene pendiente—. Cinco: el ruido está repartido: belén carga con el enredo en la base, pesebrismo con la prebenda en la derivada. Seis: cuando en castellano hubo que nombrar por primera vez a quien hace esto, se eligió la raíz del pesebre, y la que hoy se usa llegó después.

Con eso delante, la palabra con que este Manual nombra la práctica es belenismo. Es una decisión de Emili Solé, tomada el 16 de septiembre de 2026, y los motivos que la acompañan son los que el expediente permite dar; ninguno de ellos convierte la otra palabra en errónea.

El primero es el de Confucio, con el que abría el capítulo anterior: el nombre que la práctica necesita para ser vista es el que la práctica usa. Hoy, en castellano, la palabra de uso es belenismo: es la del diccionario desde 2014, la de la federación que agrupa a las asociaciones desde 1963, la del título de la enciclopedia abierta que cualquiera consulta, y la del real decreto que la declara patrimonio.3 Un manual que se propone que la práctica sea comprendida no gana nada empezando por cambiarle el nombre con que la reconocen quienes la practican.

El segundo es que el ruido, como el capítulo anterior demostró, es simétrico: ninguna de las dos casas está limpia. Si el ruido no decide, decide el uso; y el uso está contado.

El tercero es de la voz misma. Belenismo es una voz en -ismo, y esa voz hace un trabajo que la del objeto no puede hacer — desambiguar—: belén a secas es la ciudad, la escena, un nombre de mujer y un enredo; belenismo es una sola cosa. En eso las dos raíces empatan, y el empate deja la decisión donde estaba: en el uso.

Lo que la decisión no hace, dicho para que no se le pida lo que no promete. No borra a pesebrismo: la voz sin marca del diccionario, la que nombra la señal de Lucas y la que el uso eligió primero, sigue siendo palabra de este Manual, y su versión española la usa como lo que es — la otra voz de la misma práctica, sin jerarquía—, como ya dejó dicho el capítulo anterior al declarar el criterio con que están escritas las seis versiones.4 Tampoco decide nada para las cuatro lenguas que no tienen palabra: una definición que no legisla el uso ajeno no puede empezar legislando el nombre ajeno. En francés, inglés, alemán e italiano la definición se escribe sin sujeto — el mundo de un arte, el de…—, y se entiende igual; qué palabra adopte cada una de esas lenguas, si adopta alguna, lo decidirán sus hablantes, y el capítulo anterior dejó anotado que el inglés es, de las cuatro, la puerta más abierta para un préstamo.5 Este Manual no propone la palabra internacional; propone la definición, que es lo que una palabra, cuando llegue, tendrá que nombrar.


La definición

El belenismo es el mundo de un arte: el de hacer presente el Nacimiento para conmover. Comprende sus obras — en cualquier modo: figuras de cualquier escala y material, personas, papel, luz, canto, poesía—, quienes las hacen y sus oficios, cómo se hacen, su historia, sus tradiciones y quienes las buscan.

Lo citable son seis palabras: hacer presente el Nacimiento para conmover. Una definición desplaza a otra cuando alguien puede decirla de memoria, y esa frase se puede decir de memoria en las seis lenguas de este Manual. Lo que sigue a los dos puntos no es la definición: es su articulación, el inventario de lo que la frase abarca, y está ahí para que nadie pueda decir que la frase corta deja fuera algo que el capítulo del mundo puso dentro.

Conviene notar de qué clase de frase se trata, porque no es una entrada de diccionario ni una categoría administrativa. Un diccionario identifica: da el género y lo justo para que quien encuentre la palabra sepa de qué se le habla, y ya se ha dicho que eso no es un defecto sino su oficio.6 Un expediente de patrimonio clasifica: mete la práctica en un casillero para que se le pueda aplicar una ley. Esta frase hace otra cosa: dice desde qué comprensión trabaja este Manual, y lo dice de modo que cada palabra pueda seguirse hacia atrás hasta su prueba. Es un criterio de práctica. Quien la lea sabrá qué se entiende aquí por belenismo y podrá discutirlo palabra por palabra, que es exactamente lo que se quiere.

Y una observación sobre su forma, que no es casual. La definición tiene género próximo y diferencia específica, como manda la lógica de siempre: el género es arte — mejor dicho, el mundo de un arte—, y la diferencia es el propósito, hacer presente el Nacimiento para conmover. Las definiciones heredadas ponen la diferencia en el objeto: en las figuras, en el escenario, en la fecha. Esta la pone en para qué se hace. Todo lo demás de este capítulo es la prueba de que esa elección no es un gusto sino una necesidad: que la diferencia por el objeto falla en sus propios casos, y la diferencia por el propósito los acierta todos con menos palabras.


Palabra por palabra

Cada palabra de la frase tiene detrás un capítulo. Se recorren en orden, y en cada una se dice qué establece, dónde está establecido y qué no dice.

«El belenismo es». El nombre acaba de decidirse. Lo que aquí importa es que la frase define la práctica y no el objeto: no dice «un belén es», dice «el belenismo es». El capítulo anterior probó que la lengua tiene una voz para el objeto y otra para la práctica desde hace más de un siglo, y que definir la práctica con la definición del objeto es el error de origen del expediente español — definir la música con la definición del tango, en formulación de este Manual—.7 La frase empieza por la voz de la práctica y no la abandona.

«El mundo». No un género. El capítulo del mundo lo estableció con la noción de Howard Becker: un mundo del arte es la red de personas cuya actividad cooperativa produce las obras por las que ese mundo es conocido, y comprende a todas las personas cuyas actividades son necesarias para esa producción, no solo a los artistas.8 El paisaje y el retrato son clases de obras; esto tiene gente dentro: quien modela, quien reproduce, quien pinta, quien viste, quien compone en casa, quien colecciona, quien estudia, quien divulga, quien vende, quien expone, quien mira. Y tiene calendario y costumbres: la Nochebuena, las asociaciones, las exposiciones, la sala de museo. Definir el belenismo como el mundo de un arte — y no como el arte a secas— es lo que permite que la frase corta abarque todo eso sin enumerarlo, y que el propio bloque en que se lee este capítulo tenga materia: si el belenismo fuera solo hacer belenes, no habría de qué escribir un bloque entero sobre su mundo.

«De un arte». Es lo único que estaba ganado antes de empezar, y no se regala. Tres academias — la española, la catalana, la valenciana— abren su definición con la misma palabra, arte, y el capítulo anterior lo dejó reunido en una tabla.9 Este Manual lo ha defendido además por su cuenta, en el bloque de la composición: un belén está hecho, uno por uno, de escultura, pintura, composición, escenografía, iluminación e historia del arte, y lo que habría que explicar es cómo podría no ser arte una práctica cuyos componentes son las bellas artes.10 Aquí se recapitula y se remite. Lo que la palabra arte no dice — y conviene decirlo ya, porque vuelve más abajo— es que cada belén sea una obra de arte lograda: nombra una categoría, no garantiza el resultado.

«El de hacer presente». Es el verbo, y es el que cambia todo lo demás. Viene del primer capítulo de la serie: Francisco pidió memoriam agere, celebrar la memoria, con el verbo con que el latín de la Iglesia dice celebrar; y el segundo capítulo encontró el giro exacto en castellano, en la acepción litúrgica de conmemoración — «memoria que se hace»— y en la diferencia entre conmemorar a distancia y conmemorar poniendo delante lo que se honra.11 Hacer presente es eso: no recordar, no representar desde fuera, sino poner delante. Y es un verbo de creación, no de colocación. El capítulo anterior explicó por qué este Manual no dice montar ni poner: porque nombran solo la última operación y describen un adorno, y describiéndolo como adorno lo convierten en adorno.12 Hacer presente nombra la operación entera — decidir qué se hace presente, con qué fundamento, en qué espacio, con qué luz, en qué modo— y deja dentro a quien modela el original tanto como a quien compone la escena en casa.

Taddeo Gaddi, Presepe di Greccio, hacia 1335-1340; panel n.º 15 de las historias de Cristo y de san Francisco del armario de la sacristía de Santa Croce, Florencia. El discípulo de Giotto repite la composición del maestro: Francisco con un Niño en brazos que ningún testigo puso en el pesebre. Galleria dell'Accademia, Florencia; obra en dominio público (fotografía: Sailko, 2014, Wikimedia Commons, CC BY 3.0).
Maestro de Narni (atribución), Presepe di Greccio, finales del siglo XIV o principios del XV; luneta de la Cappella del Presepe, santuario de Greccio, restaurada en 2016. La imagen más antigua conservada en el propio lugar: a un lado Francisco ante el Niño durante la misa; al otro, la Natividad con María amamantando, José, el buey y el asno. Fecha y atribución según Federico Castelli Gattinara, «Greccio, restaurato l'affresco della Cappella del Presepe», Il Giornale dell'Arte, 16-12-2016; la fecha «1409» que circula no está en el artículo. Fotografía: altotemi, 2012, Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.
Benozzo Gozzoli, Escenas de la vida de san Francisco, escena 9, muro norte, 1452; fresco, 304 × 220 cm; capilla absidal de San Francesco, Montefalco. Francisco, arrodillado ante el pesebre con el buey y el asno, tiene un Niño en brazos: la visión que cuenta Buenaventura, no una figura. Datos según Web Gallery of Art (wga.hu, consultada el 18-9-2026). Obra en dominio público; reproducción: Wikimedia Commons (Web Gallery of Art).

«El Nacimiento». Con mayúscula, y nombra el ciclo entero. Conviene ser exacto, porque el vocabulario de este Manual distingue el Nacimiento de Jesús en sentido estricto — la escena del pesebre— de la Anunciación, la Adoración de los pastores, la Adoración de los Magos, la Presentación, y llama ciclo del Nacimiento al conjunto de escenas que las agrupa; con ese nombre se titula el portal que las ordena.13 La definición usa la palabra en ese segundo sentido, el del ciclo, y lo dice aquí para que nadie lea la frase corta como si dejara fuera la Anunciación o la huida a Egipto. El capítulo del mundo lo había fijado ya al describir el primer nivel de la obra: la representación del Nacimiento «y de su ciclo entero, de la Anunciación a la Presentación, y más allá hasta el Niño entre los doctores».14 Por eso un Magnificat — que es el cántico de María del capítulo 1 de Lucas, dentro del ciclo— cabe en la frase sin forzarla. Y por eso lo que no es del ciclo no cabe: más abajo, al hablar de qué refutaría la definición, vuelve este punto.

«Para conmover». Es la diferencia específica, y es la palabra que más trabajo tiene detrás. Viene de la cadena de cuatro eslabones que el primer capítulo leyó en Celano y Buenaventura — mirar hasta el fondo, conmoverse, despertar lo olvidado y dejarlo impreso, entender la pobreza de aquel Niño— y del mecanismo que el segundo capítulo encontró en Emaús: los discípulos no se conmueven al ver a Jesús, se conmueven al reconocerlo, y reconocer es juntar lo que se ve con lo que ya se sabía.15 Conmover, pues, no es aquí producir una emoción cualquiera ni añadirla con signos: es lo que ocurre cuando lo que se pone delante se reconoce, y ya se ha dicho en este Manual que la emoción se deduce del argumento, no se le añade.16 La palabra se elige, además, porque lleva dentro lo que Celano puso en tres estaciones — los ojos del cuerpo, el corazón, la mente— sin tener que nombrarlas: conmover es mover con, mover a la vez lo que se siente y lo que se entiende, y viaja a las seis lenguas sin nota — commoure, émouvoir, to move, rühren, commuovere—. Se ha preferido «conmover» a «conmover el ánimo», que es la palabra de Celano para el estado de la gente en Greccio — exsultantibus animis—, porque conmover lleva el ánimo dentro y la frase corta no necesita más; ánimo queda para el texto, donde Celano lo pone.17

Y hay una consecuencia de esta palabra que es la que más cuesta ver y la que más importa: define el propósito por su efecto en quien mira, no por lo que hace quien hace. La definición heredada mira a la obra — figuras, escenario, fecha—; esta mira al que está delante. Y eso es lo que permite comprobarla: se comprueba por el efecto que busca, y ese efecto tiene un tiempo propio. El segundo capítulo lo llamó el tercer tiempo — el de después, cuando lo visto u oído vuelve sin estar delante y la mente le da vueltas—, y es el único de los tres que Francisco quiso: no que la gente viera un pesebre, sino que el Niño olvidado quedara impressus memoriae diligenti.18 Ese tiempo lo comparten los tres modos de hacer presente que el capítulo del mundo distinguió — en el espacio, en el tiempo, en la palabra—: una escena, una música y un poema difieren en quién pone el tiempo delante de la obra — el observador en la escena, el autor en la música—, y no difieren en nada en el tiempo de después.19 Por eso la definición por el propósito abarca la música sin forzar a Francisco, que dijo ojos: no entra por sus palabras, entra por lo que Celano y Buenaventura dicen que ocurrió, y eso ocurre igual delante de un pesebre que oyendo un cántico.

«Comprende sus obras — en cualquier modo…—». Lo que sigue a los dos puntos es el inventario del capítulo del mundo, y aquí solo se anota qué palabra corresponde a qué capa. Sus obras: en dos niveles, la representación del Nacimiento en cualquier técnica y la escena, que no existe sin figuras.14 En cualquier modo: figuras de cualquier escala y material, personas, papel, luz, canto, poesía: los seis modos situados sin jerarquía; se enumeran los seis para que nadie lea «figuras» donde la frase dice «obras».20 Quienes las hacen y sus oficios: la cadena de gente, y con ella la autoría — quien modela o talla el original hace escultura, con autoría, sea o no consciente de ello— y los oficios que la siguen: reproducir, policromar, vestir, construir la escenografía, iluminar.21 Cómo se hacen: la técnica, sin la cual el concepto se queda en concepto; es la materia del bloque de la composición y de los capítulos de la figura, y por eso este Manual enseña a hacer.22 Su historia: la del objeto y la de la palabra, que tiene fecha.23 Sus tradiciones: la Nochebuena, las asociaciones, la exposición, la sala de museo.24 Quienes las buscan: quien mira, quien colecciona, quien estudia, quien expone — los que están dentro del mundo sin hacer una sola figura, y sin los cuales no habría nada que hacer presente a nadie—.21

La definición desplegada: cada palabra, con el capítulo que la establece y lo que establece. Ninguna está por gusto; cada una tiene su prueba en otro sitio.

Lo que la definición no dice, a propósito

Una definición se juzga también por lo que calla, y esta calla cuatro cosas que las heredadas afirman. Conviene enumerarlas, porque cada silencio es una decisión.

No dice con qué. Ni figuras, ni terracota, ni escenario. El capítulo del mundo estableció que la escena no existe sin figuras, y que figura es cualquier cosa que ocupe el lugar del personaje: una escultura en cualquier técnica y material, una persona, un animal, una figura pintada en un plano de papel, una figura de marca comercial.20 La definición lo hereda entero al decir «en cualquier modo», y por eso no necesita nombrar ningún material: el material no decide nada.

No dice cuándo ni cuánto tiempo. La definición heredada del informe dice que el belén «se arma para el tiempo de Navidad» y que se trata «por lo general, de construcciones efímeras y estacionales»;25 esta no dice ni una cosa ni otra. Greccio duró una noche; el belén de Salzillo lleva en su sala todo el año; una escena de casa, por regla general, se empieza a componer el 25 de noviembre y se retira, si es el caso, el día de la Candelaria, el 2 de febrero. Este Manual ha tratado ya por qué lo efímero es del belén por necesidad y no por esencia, y aquí se remite.26 Lo que dura una obra no dice nada de lo que es.

No dice de qué tamaño. Del tamaño de una uña al tamaño natural; la escala es una decisión de composición, no una condición de pertenencia.

Y no dice que cada belén sea una obra de arte. Aquí hay que ser exacto, porque es donde una definición por el propósito puede leerse mal. Decir que el belenismo es el mundo de un arte sitúa a la práctica entera en la familia de las artes: con un objeto, un propósito y modos distintos de conseguirlo, que es lo que tienen el teatro o la música. No eleva cada pieza. Un oratorio malo sigue siendo música; un belén mal compuesto sigue siendo belenismo, y malo. Este Manual ya dejó situada la pregunta del valor donde le corresponde — en la obra concreta, no en la categoría—: quien compone puede hacerlo con criterio o sin él, mejor o peor, y esa es la única pregunta legítima.10 Y hay que leer esto junto con la distinción que el capítulo del mundo hizo entre figura de autor y figura de marca comercial: un belén compuesto con figuras de Playmobil es belenismo si está hecho para que se observe y conmueva; lo que la marca decide es quién responde de la figura, no si la escena pertenece al mundo.20 Categoría, no garantía: la definición describe el lenguaje; la obra demuestra su valor.


Lo que queda fuera, y dónde está el límite

Si la definición no deja fuera nada por el material, por la fecha ni por el tamaño, hay que decir expresamente qué deja fuera, para que nadie crea que no deja fuera nada. Y conviene empezar por lo que no decide el límite, porque es donde suele ponerse: ni la técnica de la obra ni la profesión de la persona.

Las personas. La profesión no mete a nadie en este mundo ni lo saca de él. Un abogado o un cirujano no entran en el belenismo por ser abogado o cirujano — en el belenismo no hay más leyes que las de la propiedad intelectual y las que atañen al arte, y al cirujano no se le ve papel alguno—; pero si el uno o el otro hacen figuras o componen escenas del pesebre, son belenistas: no viven de ello, y lo practican. Lo mismo vale, y con más motivo, para las profesiones vecinas: un escultor no es belenista per se, sino cuando realiza una colección de figuras de pesebre; un escenógrafo no lo es hasta que compone un pesebre varios años seguidos. Lo que mete a alguien en el mundo es la práctica, no el título; y la práctica es lo que la definición nombra al decir «quienes las hacen y sus oficios». Esto es criterio de este Manual, dicho desde el oficio.

La obra. Aquí está lo difícil, y se resuelve con una pregunta que rara vez se hace: ¿por qué se hace un pesebre, y no un paisaje, un desnudo, un bodegón, una batalla, un tango o un poema a una mujer? La respuesta es lo que este Manual sostiene, y cabe en dos frases. Se hace un pesebre porque se quiere hacer presente el Nacimiento: conmemorar el hecho y rendir homenaje al Niño, en su fecha, para uno mismo y para los suyos. El pesebre no se hace por lo que se ve, sino por lo que ya se sabe y se quiere volver a pasar por el corazón.

En la diferencia con los otros géneros está el límite, y conviene medirla. El paisaje, el desnudo, el bodegón o la batalla se eligen como motivo: por su forma, por su luz, por lo que el artista quiere resolver en ellos; y el que mira no necesita saber nada antes de llegar. El pesebre no es un motivo elegido: es un hecho que se celebra, con fecha, y que el que mira ya conoce antes de llegar — el segundo capítulo de esta serie lo estableció: nadie llega en blanco—.27 El tango y el poema a una mujer tienen su fin en sí mismos, o en la mujer; el pesebre tiene su fin fuera de sí: en que el Nacimiento vuelva a estar delante de quien lo reconoce. Por eso el Nacimiento no es el tema del pesebre en el sentido en que el paisaje es el tema de un cuadro: es su razón. Un pesebre se hace por el Nacimiento, no con el Nacimiento.

De ahí sale lo que queda fuera, y sale sin necesidad de ejemplos de material: queda fuera lo que se hace por otra razón. La obra que toma el Nacimiento como motivo para otra cosa — una causa, una denuncia, un concepto—, o que se pone el título de pesebre sin el hecho, no está hecha por el Nacimiento; y lo demuestra ella misma, porque se le puede cambiar el título y la fecha sin que la obra cambie. No es un juicio sobre su valor — puede ser una obra excelente— ni sobre las creencias de quien la hizo: el segundo capítulo dejó dicho que se puede hacer presente lo que no se cree, y aquí se añade que no se puede hacer presente lo que no se ha hecho. Es que su porqué es otro, y a otro porqué le corresponde otro mundo.28 Y por la misma razón quedan fuera dos cosas que honran el Nacimiento sin hacerlo presente: la misa del gallo, que celebra un sacramento y no está hecha para que se la observe — Greccio no lo desmiente, lo confirma: allí la escena estaba dentro de la misa, y es la escena, no la misa, lo que Celano describe como lo nuevo—,29 y la cena de Nochebuena, que se pone para cenar y de la que este Manual ya explicó por qué no es un belén aunque los dos tengan orden.10 Con eso queda contestada, de paso, la condición que el pliego llamaba «marcar el límite por arriba» — que el homenaje es anterior y mayor que su representación plástica, y que sin ese límite la palabra no tiene fronteras—:30 la frontera existe, pero no separa lo plástico de lo demás — el canto y la poesía están dentro del mundo desde la primera noche, que fue cantada—;20 separa lo que se hace por el Nacimiento de lo que se hace por otra razón. La condición queda cumplida, aunque no donde ella buscaba el límite, y el pliego, más abajo, lo registra.

Conviene decir lo que este límite no hace. No niega a nadie la palabra: en el habla de cualquiera muchas cosas son «un belén», y este Manual no legisla el uso ajeno. Lo que la definición decide no es si algo se llama belén, sino si está hecho por la razón que ella nombra. La primera pregunta es de la lengua; la segunda, de este Manual.

Lo que no queda fuera, y hay que decirlo porque un borrador anterior de esta serie lo dejaba fuera: la iconografía del Nacimiento. Un tímpano románico, un retablo, un fresco de Giotto o un lienzo de La Tour no son una escena — no son un lugar con figuras dentro—, pero son el primer nivel de la obra que el capítulo del mundo estableció: la representación del Nacimiento en cualquier técnica.14 Están dentro del mundo y fuera de la escena. El informe del expediente distingue bien el belén de esa iconografía — por la forma y por la función, dice—, y tiene razón en que no son lo mismo; lo que este Manual añade es que compartir el mundo no exige compartir el modo.31


Los cinco casos

Un criterio se comprueba aplicándolo, y aplicándolo a casos que no se eligen porque le convengan. Los cinco que siguen ya están presentados en el capítulo del mundo, con sus fichas de fuente; aquí no se repiten, se remiten, y se pasan por las dos definiciones. La heredada es la operativa del informe del expediente: «una representación tridimensional y escenográfica del nacimiento de Cristo, realizada con figuras móviles, en un escenario fijo, que se arma para el tiempo de Navidad».25 Exige tres cosas: figuras móviles, escenario fijo, temporada. Hacer presente el Nacimiento para conmover exige dos: una obra que haga presente el Nacimiento, y que esté hecha para conmover.

Greccio. Un pesebre, heno, un buey y un asno vivos, la misa encima, una noche. Sin figuras, sin escenario en el sentido del informe, sin temporada. No cumple ninguna de las tres condiciones heredadas, y el propio informe lo reconoce: «aún mucho menos, que San Francisco montó un belén con figuras».32 Cumple las dos de esta: hubo una obra hecha para ponerse delante — Francisco la pidió y dijo para qué— y conmovió: la gente se alegró «con alegrías nuevas», el Niño olvidado fue despertado e impreso en la memoria.33 La definición heredada deja fuera lo que ella misma llama origen.

El belén de Salzillo. Modelado entre 1776 y 1783, completado hasta 1800, figuras de unos treinta centímetros, en su sala del Museo Salzillo todo el año.34 Figuras móviles y escenario fijo, sí; temporada, no: no «se arma para el tiempo de Navidad», no es una de las «construcciones efímeras y estacionales». Falla la tercera condición heredada, y el documento que la escribió lo tiene por cumbre. Cumple las dos de esta: nadie ha estado delante de esas figuras para verlas de paso.

El pesebre viviente. Personas que encarnan a los personajes, animales reales, un lugar del pueblo. La definición heredada lo excluye expresamente — «se decidió que en dicha propuesta no se incluyeran los Belenes vivientes», sin sujeto ni motivo— y a la vez lo describe como belén: «vivientes (con personas y animales reales) o inanimados».35 Cumple las dos de esta, y es de los cinco el modo que más cerca está de Greccio.

El belén de papel. El que edita la federación internacional de las asociaciones; el de 2026, con las regiones de los Países Bajos y sus trajes, pintado en planos que se recortan y se construyen.36 Si las figuras van pintadas en el plano y no hay pieza suelta — Desconocido hasta tener el objeto—, no son «figuras móviles», y el belén que edita la federación de las asociaciones no cumple la definición que las asociaciones pidieron. Cumple las dos de esta por un camino que ninguno de los otros tiene tan claro: está hecho para hacerse, y quien recorta y construye un belén de papel entero no lo ha visto de paso.

Un Magnificat. El cántico de María, Lc 1,46-55, dentro del ciclo; Bach le puso música y lo estrenó en Leipzig el 25 de diciembre de 1723 con piezas navideñas intercaladas.37 No hay figuras, no hay escenario, no hay temporada — la versión de 1733 se hizo para servir fuera de la Navidad—: no cumple ninguna de las tres condiciones heredadas. Cumple las dos de esta: es una obra que hace presente un momento del ciclo, en el tiempo y no en el espacio, y está hecha para conmover; nadie oye un Magnificat de paso. Entra por el propósito, no por las palabras de Francisco: eso quedó dicho y aquí solo se aplica.

La rejilla de los cinco casos: lo que les pasa con la definición heredada — figuras móviles, escenario fijo, temporada— y con esta. Las dos columnas no coinciden en ningún caso.

Al quinto caso el lector no necesita que se le repita el criterio: lo ha aplicado él cuatro veces. Y conviene notar lo que la rejilla no dice: no dice que la definición heredada sea absurda. Cumple lo que pretendía, que era describir el belén corriente de figuras para poder meterlo en un casillero administrativo; como herramienta contable es mejor que esta, y como concepto es peor, porque define un objeto por sus accidentes y falla en sus propios casos. Decirlo así explica el error sin adversario, y el capítulo del expediente lo examina entero con sus páginas.38


La prueba de los dos belenes

Este Manual lee toda afirmación general sobre «el belén» dos veces, una pensando en el popular y otra en el bíblico, y si solo vale para uno la acota o la parte. Hacer presente el Nacimiento para conmover se pasa por esa prueba, y vale para los dos belenes de manera distinta; la diferencia es instructiva.

El belén bíblico hace presente el Nacimiento tal como fue: en su lugar y en su tiempo, con la gente que allí había y la ropa que allí se llevaba, y para eso investiga — este Manual entero, en su serie principal, es esa investigación—. Quien lo tiene delante reconoce el relato, y cuanto mejor investigada esté la escena, más tiene con qué juntarla y más le devuelve.

El belén popular hace presente el Nacimiento aquí: en el valle o la ciudad de quien lo hace, con su gente y sus oficios. El segundo capítulo explicó por qué conmueve a veces con menos medios — el reconocimiento es doble: el relato y la propia tierra—, y el tercero midió hasta dónde ese gesto está ya en Greccio: Celano dice que «Greccio se ha convertido casi en una nueva Belén», y eso es convertir el lugar, que es la mitad del gesto popular; la otra mitad — ponerse a sí mismo dentro— la añadió la práctica siglos después.39 Nada de esto se redesarrolla aquí; se recapitula y se remite al capítulo del estilo popular, que es su hogar.

Lo que la prueba deja a la vista es que las seis palabras no eligen entre los dos belenes ni los jerarquizan: los dos hacen presente para conmover, y difieren en qué ponen delante y en qué reconoce quien mira. Una definición por el objeto tendría que decidir si el molino del valle y el sereno del pueblo son «figuras del nacimiento de Cristo»; una definición por el propósito no necesita decidirlo, porque lo que pregunta es para qué están ahí, y están ahí para lo mismo.


Las seis lenguas

La definición se ha redactado en las seis lenguas de este Manual a la vez, no en cadena, y con la regla que el pliego fijó: si una cláusula no funciona en una lengua, la cláusula está mal en todas. Ninguna necesita nota de equivalencia; una sola cosa cambia entre ellas, y se declara.

Lengua La definición
Castellano El belenismo es el mundo de un arte: el de hacer presente el Nacimiento para conmover. Comprende sus obras — en cualquier modo: figuras de cualquier escala y material, personas, papel, luz, canto, poesía—, quienes las hacen y sus oficios, cómo se hacen, su historia, sus tradiciones y quienes las buscan.
Catalán El pessebrisme és el món d'un art: el de fer present el Naixement per commoure. Comprèn les seves obres — en qualsevol mode: figures de qualsevol escala i material, persones, paper, llum, cant, poesia—, els qui les fan i els seus oficis, com es fan, la seva història, les seves tradicions i els qui les busquen.
Francés Le monde d'un art : celui de rendre présente la Nativité pour émouvoir. Il comprend ses œuvres — sous n'importe quel mode : figures de toute échelle et de toute matière, personnes, papier, lumière, chant, poésie —, ceux qui les font et leurs métiers, la manière dont elles se font, son histoire, ses traditions et ceux qui les recherchent.
Inglés The world of an art: that of making the Nativity present so as to move. It comprises its works — in any mode: figures of any scale and material, people, paper, light, song, poetry —, those who make them and their crafts, how they are made, its history, its traditions and those who seek them out.
Alemán Die Welt einer Kunst: der Kunst, die Geburt Christi zu vergegenwärtigen, um zu rühren. Sie umfasst ihre Werke — in jeder Weise: Figuren jeder Größe und jeden Materials, Menschen, Papier, Licht, Gesang, Dichtung —, die, die sie schaffen, und ihre Berufe, wie sie entstehen, ihre Geschichte, ihre Überlieferungen und die, die sie suchen.
Italiano Il mondo di un'arte: quella di rendere presente la Natività per commuovere. Comprende le sue opere — in qualsiasi modo: figure di ogni scala e materiale, persone, carta, luce, canto, poesia —, chi le fa e i suoi mestieri, come si fanno, la sua storia, le sue tradizioni e chi le cerca.

Lo que cambia: en las dos lenguas que tienen palabra, la definición empieza por ella; en las cuatro que no la tienen, empieza por «el mundo de un arte» y el sujeto queda sin nombre. No es una carencia de la definición sino de esas lenguas, y el capítulo anterior explicó por qué cada una ha respondido distinto.5 Se entiende igual: la frase dice qué es la cosa, y el nombre, si llega, vendrá a nombrar lo que la frase ya dice.

Dos observaciones de redacción, para que nadie tenga que descubrirlas. Conmover viaja con su verbo propio en las seis — commoure, émouvoir, to move, rühren, commuovere—; en inglés, to move sin complemento es el uso corriente de «a moving scene», y no se le añade objeto para no decir más que el castellano. Y el Nacimiento se traduce por la palabra que en cada lengua nombra el hecho — Naixement, Nativité, Nativity, Geburt Christi, Natività—: el alemán es la única que nombra a quien nace, porque Geburt a secas no lo dice; en las demás la mayúscula basta, como en castellano.


El pliego, condición por condición

El capítulo anterior entregó a este el pliego de condiciones que una definición justa tendría que cumplir, con una advertencia: que aquí se diría también si alguna de esas condiciones no resiste el examen.40 Son doce, y ninguna es una preferencia: cada una nace de un defecto probado en una definición heredada, y cita su origen.41 Se pasa por ellas hacer presente el Nacimiento para conmover, una a una, con su resultado.

1. Conservar el género próximo «arte». Origen: tres academias concordantes. Cumplida: la definición dice «el mundo de un arte», y lo que añade a «arte» — el mundo— no lo sustituye.

2. Aportar la diferencia específica que el diccionario no da. Origen: el examen de las definiciones cortas, que identifican y no desarrollan. Cumplida: la diferencia es «hacer presente el Nacimiento para conmover», y es una diferencia por el propósito, que ninguna de las heredadas tiene.

3. Nombrar la autoría donde la hay. Origen: el defecto «fabricar las figuras del Belén a través de sus artesanos» del informe del expediente, que describe como fabricación lo que es escultura con autoría.42 Cumplida, y se dice cómo: la frase corta no contiene la palabra autor, y no la necesita: dice obras, y una obra tiene autor; dice arte, y el arte se hace con autoría; y la articulación dice «quienes las hacen y sus oficios», en ese orden — primero quien hace, después el oficio que reproduce—. Quien modela un original no puede leerse en esta definición como fabricante. El examen de ese defecto, con sus páginas, es del capítulo del expediente.

4. Nombrar la composición como creación, no como colocación. Origen: el defecto «armar o montar el Belén» del mismo informe, y la sección de los verbos del capítulo de la palabra.12 Cumplida por el verbo: la definición dice hacer presente, que es una operación de creación entera, y no montar, poner ni armar, que nombran la última.

5. Abarcar el mundo, no solo la producción. Origen: nadie confunde el ciclismo con la bicicleta; y este bloque entero, que no tendría materia si el belenismo fuera solo hacer belenes. Cumplida por la primera palabra: «el mundo».

6. Marcar el límite por arriba. Origen: que el homenaje es mayor que su representación. Cumplida, y no donde la condición lo suponía: la frontera no está en lo plástico; está en la razón por la que se hace la obra, y así se ha dicho dónde, en «Lo que queda fuera».

7. Cubrir representación y evocación. Origen: el criterio de composición de este Manual de que una escena puede representar el lugar o evocarlo.43 Cumplida: «hacer presente» no dice cómo — un lugar construido con figuras dentro o una escena evocada con luz hacen presente los dos—, y «en cualquier modo» lo confirma.

8. No legislar el uso ajeno. Origen: el criterio del índice del bloque — la definición dice desde qué comprensión habla el Manual, no qué belenes merecen el nombre—. Cumplida, con la precisión hecha arriba: la definición no niega a nadie la palabra belén; decide si una obra está hecha por la razón que ella nombra, que es otra pregunta.

9. No depender de la fe del lector. Origen: el objeto es el mismo para quien cree y para quien no. Cumplida: «hacer presente el Nacimiento» nombra un hecho narrado, y el segundo capítulo dejó dicho que entender no es aceptar — se puede hacer presente lo que no se cree, y no se puede hacer presente lo que no se ha entendido—.44 El creyente y el no creyente pueden afirmar la misma frase.

10. Una sola versión española, con las variantes declaradas. Origen: decisión de Emili Solé, ya escrita en el capítulo de la palabra.45 Cumplida: hay una versión castellana, y pesebrismo queda declarado en ella como la otra voz.

11. Poder decirse en las seis lenguas sin nota de equivalencia. Origen: un manual que se lee en seis. Cumplida, con la tabla de arriba y la única variación declarada — el sujeto sin nombre donde no hay palabra—.

12. Ser falsable. Origen: la regla de la prueba de este Manual: una definición que ningún caso posible podría contradecir no define nada. Cumplida, y se nombra el caso. Lo que refutaría esta definición es una obra que la práctica tuviera unánimemente por belenismo y que no hiciera presente el Nacimiento, o que no estuviera hecha para conmover. El primer caso existe y hay que mirarlo de frente: el diorama de la Pasión, hecho por los mismos que hacen pesebres y con la misma técnica.46 La definición lo deja fuera por el tema: no hace presente el Nacimiento. Si la práctica lo tiene por belenismo — y no solo por obra de pesebristas—, la cláusula «el Nacimiento» está refutada y habría que ensancharla o partirla. Este Manual sostiene que no lo tiene: que una obra de la misma mano y la misma técnica es escultura escenográfica, hermana, y no belenismo, del mismo modo que una pintura de la Pasión de Giotto no es una Natividad. Pero lo sostiene como lo que es — lectura de Emili Solé—, y deja el caso escrito para que quien discrepe sepa exactamente qué palabra está discutiendo. El segundo caso — una obra que todos llamen belenismo y no esté hecha por el Nacimiento ni para conmover— es la obra que lleva el título de pesebre y se puede cambiar de título y de fecha sin cambiar; la definición responde que su porqué es otro, y quien sostenga que basta el título tiene ahí su punto de ataque.

Doce condiciones: doce cumplidas; la sexta, por otro camino que el que ella suponía. Es el resultado que el pliego pedía, y el pliego no era una lista de deseos: cada condición era un defecto probado en una definición heredada. Una definición que las cumple no comete ninguno de esos defectos, y eso es lo único que se puede pedir a una definición: no que sea la última, sino que no repita los errores de las que la precedieron, y que diga dónde se la puede atacar.

El pliego de un vistazo: doce condiciones, su origen y su resultado; la sexta, cumplida por otro camino.

Cierre

El belenismo es el mundo de un arte: el de hacer presente el Nacimiento para conmover. Cada palabra tiene su capítulo, y ninguna está por gusto. Mundo, porque tiene gente dentro y no es una clase de obras. Arte, porque tres academias lo dicen y porque sus componentes son las bellas artes. Hacer presente, porque es lo que Francisco pidió con un verbo litúrgico y lo que el diccionario llama memoria que se hace. El Nacimiento, porque es el ciclo entero y no solo la escena del pesebre. Para conmover, porque lo que ocurrió en Greccio y lo que ocurre en Emaús no es ver sino reconocer, y lo que se reconoce conmueve y queda.

La definición no combate. No le quita nada a quien construye escenarios ni a quien modela figuras, ni a las asociaciones que pidieron una declaración, ni al documento que la concedió: incluye al escenógrafo tanto como al escultor, a quien encarna a un pastor en un viviente, a quien compone un villancico, a quien recorta un belén de papel y a quien ordena las figuras sobre el musgo una tarde de diciembre. Lo que hace es dejar pequeñas a las definiciones que la precedieron, porque ellas definían un objeto por sus accidentes y fallaban en sus propios casos, y esta define una práctica por su propósito y los acierta todos con seis palabras. Y cambia una cosa de sitio, que es la que importa: de dónde viene el valor. No de que un decreto lo reconozca, sino de lo que la práctica es.

Lo que falta no es definir más: es poner la definición a prueba donde hoy se decide qué es el belenismo sin haberla leído. Contra las instituciones que lo dicen — una enciclopedia abierta que casi nadie edita, una federación—; contra la ley que lo declara patrimonio con una definición que deja fuera a Greccio, a los vivientes y a Salzillo; y contra la práctica de quien compone una escena y, al llenarla de gente, elige a quién representa. Eso son los tres capítulos siguientes, y la definición entra en ellos ya hecha.


Referencias

Las notas al pie localizan y solo localizan. Las entradas que explican por qué entra cada fuente, qué aporta y qué no permite afirmar están en el capítulo de esta serie donde cada fuente aparece por primera vez, y a él se remite; este capítulo no presenta ninguna fuente nueva. Las traducciones de la definición son propias.


  1. Capítulo de la palabra de esta serie, secciones «Cuánto nombra cada palabra: el rasero de las operaciones» y «El sesgo del vocabulario», con la tabla de diez voces y sus obras: DIEC2, «Art de construir pessebres»; GDLI, «Arte di costruire e allestire presepi»; Krippenbau como compuesto corriente, sin entrada propia en el Duden en línea (duden.de, búsqueda «Krippenbau», consultada el 22-10-2026). ↩

  2. Capítulo de la palabra, sección «El nombre», seis puntos, y su remate: la decisión «sale del capítulo siguiente, el de la definición». ↩

  3. Entrada de belenismo en el DLE con la 23.ª edición (2014): capítulo de la palabra, sección «Cuándo entraron en el diccionario» y nota correspondiente. Federación Española de Belenistas, 1963: mismo capítulo, sección «Cuándo cambió el nombre del oficio». Wikipedia en español, artículo «Belenismo»: capítulo «Quién decide» de esta serie. Real Decreto 481/2022, de 14 de junio (BOE-A-2022-9969): capítulo del expediente. ↩

  4. Capítulo de la palabra, sección «El nombre», último párrafo: el criterio de las seis versiones — «donde una lengua ya tiene o insinúa palabra propia, el Manual la usa y la explica: belenismo y pesebrismo en español, pessebrisme en catalán, Krippenkunst en alemán, presepismo en italiano»—. ↩

  5. Capítulo de la palabra, sección «Por qué cada lengua ha respondido distinto», párrafo del inglés: «no es la lengua más cerrada de las seis: es la puerta más abierta para un préstamo». ↩ ↩

  6. Capítulo de la palabra, sección «Por qué las definiciones se quedan cortas — y por qué no es un reproche». ↩

  7. Capítulo de la palabra, sección «Dos cosas distintas». La formulación «definir la música con la definición del tango» es de Emili Solé (12-9-2026) y se aplica al informe del IPCE, p. 4, que deriva «por tanto» la definición del belenismo de la definición del pesebre de Amades; el examen de esa página es del capítulo del expediente. ↩

  8. Howard S. Becker, Art Worlds, Berkeley y Los Ángeles, University of California Press, 1982, p. x y p. 34; presentado, citado y traducido en el capítulo del mundo, sección «Las personas», con su límite y cotejado allí contra el ejemplar de 1982. ↩

  9. Capítulo de la palabra, sección «Lo que dicen las obras que fijan la lengua», tabla de cinco obras y seis voces: DLE («Arte de los belenes o afición a ellos»), DIEC2 («Art de construir pessebres»), DNV (betlemisme, «Art de construir betlems»). ↩

  10. Capítulo «¿Es arte el belenismo o solo una tradición navideña?» (¿Es arte el belenismo o solo una tradición navideña?): sección «La puerta principal» (las disciplinas de que está hecho un belén); sección «Lo que la mesa no tiene» («puede hacerlo con criterio o sin él, mejor o peor — esa es la única pregunta legítima—»); sección «Cierre» (la mesa se pone para cenar; el belén se compone para ser mirado y entendido). Aquí se recapitula y se remite. ↩ ↩ ↩

  11. Memoriam agere: Celano, 84,8, capítulo primero de esta serie, sección «Lo que Francisco dijo que quería». Conmemoración, acep. 2 del DLE («memoria que se hace»), y la diferencia entre honrar a distancia y poner delante lo que se honra: capítulo segundo, sección «Las palabras». ↩

  12. Capítulo de la palabra, sección «Dos cosas distintas»: «Nombrando únicamente el final, la lengua describe un adorno. Y describiéndolo como adorno, lo convierte en adorno». ↩ ↩

  13. Terminología del Manual fijada el 4-7-2026: ciclo de la infancia (de los esponsales a Jesús entre los doctores) y núcleo del Nacimiento (de la Anunciación a la Presentación); portal «El ciclo del Nacimiento: escenas y personajes»; mapa narrativo en Las escenas del ciclo de la infancia de Jesús. ↩

  14. Capítulo del mundo, sección «La obra, en dos niveles». ↩ ↩ ↩

  15. La cadena de cuatro eslabones: capítulo primero, sección «Lo que ocurrió», último párrafo. Emaús, Lc 24,16.31-32 (RVA 1909): capítulo segundo, sección «El relato pide lo mismo». ↩

  16. Criterio fijado en este Manual el 12-7-2026 para las páginas de escena; recapitulado en el capítulo segundo, sección «Entender antes de hacer, por los dos lados». ↩

  17. Celano, 85,2, exsultantibus animis, y 84,5, nobilitatem animi; ed. d'Alençon (Roma, 1906), p. 86, l. 24 (85,2) y l. 7 (84,5); capítulo primero, nota 10. La decisión «conmover» y no «conmover el ánimo»: Emili Solé, 16-9-2026. Conmover: «Del lat. commovēre» (DLE, s. v. conmover, dle.rae.es, consultado el 22-10-2026); y el latín com-mŏvĕo, «to put something in violent motion, to move» (Lewis y Short, A Latin Dictionary, s. v. commoveo, en Perseus, consultado el 22-10-2026). ↩

  18. Celano, 86,8, impressus memoriae diligenti; capítulo primero, sección «Lo que ocurrió» y nota 11. El tercer tiempo, con Agustín (Conf. X, 14, 21) y Wordsworth (prólogo de 1800): capítulo segundo, sección «De los ojos del cuerpo a los ojos del corazón», último párrafo (enmienda del 15-9-2026). ↩

  19. Capítulo del mundo, sección «Los modos, situados sin jerarquía», párrafo «La tercera, que es la que evita decir de más», y cierre de la sección (espacio · tiempo · palabra; «los tres estaban en Greccio»). Desde dónde se mira una escena — uno o infinitos encuadres— es asunto de Una cuestión de encuadre, y no se toca aquí. ↩

  20. Capítulo del mundo, secciones «La obra, en dos niveles» (qué puede ser figura; figuras de autor y de marca comercial; los autómatas) y «Los modos, situados sin jerarquía» (figuras, personas, papel, luz, canto, poesía; Celano 86,1 y 85,8-9 sobre la noche cantada). ↩ ↩ ↩ ↩

  21. Capítulo del mundo, sección «Las personas»: la cadena entera, de quien hace a quien mira; bloque «Quién es quién en el belén», para el examen de cada papel. ↩ ↩

  22. Bloque «El arte de componer pesebres» (escenografía, composición, perspectiva, policromía), y los capítulos de la figura de la serie principal; criterio del Manual del 19/21-8-2026: en la técnica artística enseñar el procedimiento es inevitable y necesario. ↩

  23. Capítulo de la palabra, sección «La palabra tiene historia, y se puede fechar» (1868-1907 en catalán; 1864-1934 en castellano). ↩

  24. Capítulo del mundo, sección «Las actividades y la tradición». ↩

  25. Instituto del Patrimonio Cultural de España, Informe técnico definitivo para la declaración del belenismo como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, marzo de 2022, p. 9; presentado, citado y cotejado en el capítulo primero de esta serie, panel del informe y nota 6. ↩ ↩

  26. Capítulo «Efímero por necesidad, no por esencia» (Efímero por necesidad, no por esencia). ↩

  27. Capítulo segundo de esta serie, apertura («nadie llega en blanco») y sección «Ver y observar» (quien se detiene ante una obra es quien trae con qué mirar; la obra no cambia). ↩

  28. El criterio de las personas — la práctica y no la profesión; el escultor con una colección, el escenógrafo con varios años seguidos— y la respuesta a por qué se hace un pesebre son de Emili Solé (17-9-2026), escritos aquí como criterio del Manual. El capítulo del mundo (sección «Las actividades y la tradición», último párrafo) dejó al poblado navideño de la tienda a la puerta de este capítulo, diciendo que «si es una obra o un adorno lo decide la definición»: lo decide esta misma vara — por qué está compuesto, y ese porqué lo pone quien lo compone—, y no el material ni que alguien se detenga o pase de largo, porque la obra no cambia con el que mira; cambia el que mira. Se contesta en nota y no en el cuerpo por decisión de Emili Solé (17-9-2026): no es buen ejemplo de lo que queda fuera. ↩

  29. Celano, 85,4-5 y 85,11; capítulo primero, sección «Lo que hubo en Greccio, y lo que no hubo». Lo que aquí se sostiene sobre la liturgia — que celebra y no hace presente una escena— es lectura de este Manual, sin fuente que lo afirme, y así se lee. ↩

  30. Primera edición del capítulo de la palabra (agosto de 2026), sección «Qué tendría que cumplir una definición justa», condición «Marcar el límite por arriba»; y documento de trabajo del 17-8-2026, no publicado, Fase 3, condición 6 («semilla de Casals»). ↩

  31. Informe del IPCE, p. 9: es preciso «diferenciar iconografía navideña del belén, puesto que, aunque comparten fondo, no así la forma ni la función»; y, entre lo que suele confundirse con el belén, «tímpanos de portadas de iglesias, relieves de retablos y lienzos del Nacimiento, cuando su finalidad es bien distinta». Cotejado contra el PDF el 22-10-2026. ↩

  32. Informe del IPCE, p. 9; capítulo primero, nota 6. ↩

  33. Celano, 85,7 (ad novum mysterium novis gaudiis adlaetantur) y 86,8; capítulo primero, notas 10 y 11. ↩

  34. Museo Salzillo, página «Belén de Salzillo», consultada el 13-9-2026; presentada y citada en el capítulo del mundo, sección «Las actividades y la tradición» y nota 16 (que no se retira para Navidad es inferido por contexto; la expresión «exposición permanente» no aparece en la página). ↩

  35. Informe del IPCE, pp. 5 y 40; capítulo del mundo, sección «Los modos», párrafo de las personas, y nota 2. El Real Decreto 481/2022 no contiene la palabra «viviente». ↩

  36. Cartel y web de la UN-FŒ-PRÆ 2026; capítulo del mundo, sección «Los modos», párrafo del papel, y nota 3 (literales castellano e inglés cotejados el 13 y el 16-9-2026). ↩

  37. J. S. Bach, Magnificat, BWV 243a (25-12-1723) y BWV 243 (revisión, ejecutada el 2-7-1733); capítulo del mundo, sección «Los modos», párrafo de la música escrita, y nota 7. El cántico: Lc 1,46-55. ↩

  38. Capítulo del expediente de esta serie: recibe de esta serie las tres grietas de Greccio (origen sin figuras, p. 9; vivientes descritos y excluidos, pp. 5 y 40; licencia papal atribuida a Celano, p. 9 nota 1). La valoración «mejor como herramienta administrativa, peor como concepto» es de Emili Solé (12-9-2026). ↩

  39. Capítulo segundo, sección «El belén como espejo» (el reconocimiento doble); capítulo del mundo, sección «Los valores que transmite», último párrafo (Celano 85,5, quasi nova Bethleem de Graecio facta est: el lugar sí, el contenido no; frase de Celano, no de Francisco). Hogar, si se sostiene: Popular, la otra palabra. ↩

  40. Capítulo de la palabra, sección «Por qué la definición no está aquí». ↩

  41. Versión corta: primera edición del capítulo de la palabra (agosto de 2026), sección «Qué tendría que cumplir una definición justa» (siete condiciones). Versión larga: documento de trabajo «La definición como veredicto», Fase 3 (doce condiciones) y Fase 5 (las pruebas del jurado); no publicado, expuesto a Emili Solé el 17-8-2026. ↩

  42. Informe del IPCE, p. 4: «Por tanto, el Belenismo sería, por una parte, el arte de fabricar las figuras del Belén a través de sus artesanos, y por otra, el colectivo especializado en armar o montar el Belén»; cotejado contra el PDF el 12-9-2026. Real Decreto 481/2022, art. 2: «el arte de fabricar las figuras del Belén a través de sus artesanos», cotejado el 16-8-2026. Examen entero: capítulo del expediente. ↩

  43. «Que el belén puede representar o evocar»: criterio de composición de este Manual, recogido en el documento de trabajo del 17-8-2026 (no publicado), Fase 1. En esta serie lo ilustra el capítulo del mundo, sección «Los modos, situados sin jerarquía», con las escenas «cuyo único material es una silueta iluminada desde atrás». ↩

  44. Capítulo segundo, sección «Entender antes de hacer, por los dos lados»: el Buda tallado sin saber quién fue; el diablo, que se puede hacer presente sin creer en él. ↩

  45. Capítulo de la palabra, sección «Una lengua, muchos territorios»: «Habrá una sola versión española, con las variantes nombradas dentro de ella. Nunca dos versiones» (decisión de Emili Solé, 16-8-2026). ↩

  46. Que el diorama de la Pasión lo hagan quienes hacen pesebres, y con la misma técnica, es observación de Emili Solé desde el oficio; aquí sirve solo para nombrar el caso que pondría a prueba la cláusula «el Nacimiento». ↩