Hay una tercera respuesta a la pregunta de quién concibió la forma, y es la que más ha cambiado en diez años: la forma no tiene autor que la ley reconozca. No es exacto decir que nadie la concibió, porque de la nada no sale nada: toda forma la concibió alguien, o algo, alguna vez. Lo que ocurre es que la ley no reconoce autor, por dos razones distintas: porque quien la concibió está tan atrás que no queda nombre ni derecho, o porque la concibió un sistema y no una persona. A quien reproduce esas formas, el capítulo anterior lo llamó artesano, y dijo que la palabra es una conclusión del Manual (Quien concibe la forma).
Este capítulo recorre primero las formas sin autor que el taller de hoy produce o reproduce, que son cuatro, y lo que se parece a una respuesta a la pregunta y no lo es: las listas administrativas. Después se detiene en lo que esas cuatro formas han cambiado para el belenismo, que no es la ley sino otra cosa; en lo que una figura ya no deja ver de su origen; en lo único que hoy prueba que alguien decidió una forma; en el mercado que esa falta de autor hunde, con sus precios a la vista; y en lo que el belenismo pierde, primero en la figura y después en la escena. Termina con una salida, declarada con su medida exacta.
1. La forma heredada por tradición
El cántaro, la orza, el apero, la figura salida de un molde antiguo cuyo autor nadie conoce. Alguien las concibió, pero tan atrás que no queda nombre que citar ni derecho vivo que respetar. La ley tiene previsto el caso vecino de la obra divulgada sin firma, que no es exactamente este, pero enseña dónde acaba el derecho: cuando una obra se divulga de forma anónima, los derechos los ejerce «la persona natural o jurídica que la saque a la luz con el consentimiento del autor, mientras éste no revele su identidad», y los derechos de explotación duran «setenta años desde su divulgación lícita».1 Pasados, sin nombre que respetar, la forma es de todos y de nadie. Quien la reproduce no es ejecutante de nadie, porque no hay nadie: es artesano, y aquí la palabra le corresponde con toda propiedad. Es la posición de quien hace para el belén el atrezo de formas heredadas, y por eso el capítulo del atrezo la retoma; cuando ese mismo artesano inventa una forma, es autor de ella, como cualquiera.
2. La forma tomada de la realidad
Un escáner, o una serie de fotografías procesadas por fotogrametría, convierte en archivo tridimensional un cuerpo real: una persona, un animal, una cesta. Hay negocios en España que escanean a una persona y le entregan su figura impresa,2 y hay ya una tienda de figuras de belén que lo ofrece como producto de catálogo: «us podem escanejar —vestit amb roba d'època— i convertir-vos en una figura de pessebre feta a mida», con faldas, chalecos y pañuelos que la propia tienda presta para la sesión y con un porrón, una cesta o una horca en la mano si se quiere.3 ¿Quién concibió esa forma? Nadie: la dio el cuerpo.
La escultura conoce este caso desde hace siglo y medio, con otro nombre: el vaciado del natural, el molde sacado directamente sobre el cuerpo del modelo. En 1877 Auguste Rodin expuso en Bruselas y después en el Salón de París una figura masculina, La Edad de bronce, modelada sobre un soldado belga, Auguste Neyt, y se le acusó de haberla vaciado del natural. El Musée Rodin lo cuenta así: «Accusé, lors de son exposition à Paris, de l'avoir moulée directement sur le modèle, Rodin dut prouver que la qualité du modelé de sa sculpture provenait bien d'une étude approfondie des profils et non d'un moulage sur nature»; para defenderse encargó al fotógrafo Gaudenzio Marconi fotografías del yeso y del propio Neyt, y «ses détracteurs finirent par reconnaître la bonne foi du sculpteur».4 Lo que importa aquí no es que Rodin fuera inocente, sino de qué se le acusaba: de no haber concebido la forma, de haberla tomado del cuerpo. Un vaciado del natural no tiene autor en la forma; el escaneo es un vaciado del natural sin contacto.
Un vaciado del natural no tiene autor en la forma; el escaneo es un vaciado del natural sin contacto.
Pero en un escaneo hay decisiones, y hay que ver dónde quedan. Quien compone una fotografía artística decide la pose, la expresión, la caída de la tela, los objetos, la luz. Si en lugar de la cámara se usa un escáner sobre la misma persona en la misma pose, el resultado conserva todo eso menos la luz, que en el escaneo es herramienta y no resultado: lo que la fotografía fija en un encuadre, el escaneo lo fija en volumen, y se puede girar. El escaneo no devuelve el cuerpo en posición anatómica, con los brazos abiertos como el hombre de Vitruvio; devuelve el cuerpo exactamente como estaba, con la composición entera dentro del archivo. Esa es la diferencia entre un escaneo compuesto y un escaneo sin más: el segundo es el cuerpo en la pose en que nadie ha decidido nada todavía, que es, por cierto, la pose de partida de los programas que fabrican cuerpos humanos sin modelarlos, de los que trata la sección 4.
Para saber qué vale esa composición, el precedente está en el arte que tomó su forma de la realidad y tuvo que ganarse la condición de obra: la fotografía. En 1884 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos decidió si un retrato de Oscar Wilde era obra de su fotógrafo, Sarony, enumerando lo que este había decidido: «posing the said Oscar Wilde in front of the camera, selecting and arranging the costume, draperies, and other various accessories in said photograph, arranging the subject so as to present graceful outlines, arranging and disposing the light and shade, suggesting and evoking the desired expression»; y concluyó que la fotografía era «an original work of art, the product of plaintiff's intellectual invention, of which plaintiff is the author».5 En 2011 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dijo lo mismo con otras palabras en el caso de la fotógrafa Eva-Maria Painer: «En la fase preparatoria, el autor podrá elegir la escenificación, la pose de la persona que se va a fotografiar o la iluminación. Al hacer el retrato fotográfico, podrá seleccionar el encuadramiento, el enfoque o incluso el ambiente creado»; y por eso un retrato fotográfico está protegido «siempre que sea una creación intelectual del autor que refleje su personalidad y que se manifieste por las decisiones libres y creativas del mismo al realizarlo».6 Nadie sostiene que el fotógrafo concibiera la cara de Oscar Wilde. Lo que es suyo son las decisiones.
De ahí la casilla que este Manual propone, declarada como lo que es, una lectura por analogía, Inferido por contexto, porque no se apoya en una decisión sobre figuras escaneadas sino en el criterio que la fotografía ya ganó: la forma tomada de la realidad no tiene autor en la forma; las decisiones que el escaneo conserva, la pose, el gesto, la composición, el retoque, sí pueden tenerlo, en la medida de ellas. Un escaneo de un cuerpo quieto en posición anatómica, sin más decisión que apretar un botón, es una forma sin autor que la ley reconozca, y quien lo imprime está donde está quien reproduce el cántaro. Un escaneo de una composición es, en lo compuesto, obra de quien compuso, y en esa parte es autor. Autor de la composición, no escultor: la forma del cuerpo la dio el cuerpo, y nadie la modeló. Queda fuera de este capítulo otra cuestión que el escaneo de una persona abre y que no es de propiedad intelectual: la de los derechos de esa persona sobre su propia imagen.

3. La forma generada por una inteligencia artificial, sin que ninguna persona decidiera
Una descripción escrita, o una fotografía, entregada a un sistema de inteligencia artificial; una tecla; y el archivo tal cual. La forma la ha producido el sistema, y un sistema no es una persona: ninguna de las leyes que este bloque cotejó le reconoce autoría. Los sistemas que hoy hacen esto se venden por lo que son, y conviene leerlos en sus propias palabras. Hyper3D se presenta como «el generador de modelos 3D con IA que combina calidad de referencia y control preciso. Convierte indicaciones de texto o imágenes en recursos 3D detallados en segundos, sin experiencia en 3D», y promete «recursos 3D prácticamente listos para producción a partir de texto o imágenes».7 Meshy: «Sube una foto, un boceto o una pieza de concept art, y Meshy lo convierte en un modelo 3D que puedes imprimir»; y se anuncia como «la única IA 3D entrenada para imprimir», con modelos «generados pensando en la impresión: watertight, manifold y listos para cortar».8 «Sin experiencia en 3D», «en segundos», «listos para cortar»: eso es lo que se vende, y a quien se vende es a quien no sabe modelar.
El capítulo del escultor describió esta figura como la figura sin escultor (El escultor: «Un oficio con dos nombres»); el de autor y ley examinó qué dicen de ella las leyes cotejadas (Autor y ley: «Lo que la ley reconoce, y a quién»); y el capítulo anterior separó este caso del de quien dirige la generación hasta la forma que concibió (Quien concibe la forma). Aquí basta situarla: es una forma sin autor que la ley reconozca, y quien imprime el archivo tal cual está en la posición que la sección anterior dio a quien imprime un escaneo sin decisiones.
Conviene fijar, de paso, qué decide cada uno en ese gesto, porque las palabras lo confunden. Una descripción escrita decide una descripción: «pastor de Judea, cuarenta años, barba, manto, apoyado en el cayado». La forma —cuánto pesa ese manto sobre el hombro, dónde cae la mirada, qué mano sostiene qué— la decide el sistema. Quien escribe la descripción y acepta lo que vuelve está en la posición del cliente que encarga: dice qué quiere y recibe algo que no ha hecho; lo que de verdad es suyo es el encargo —el personaje, la actitud, el criterio con que lo pidió—, y de eso es autor, como lo es cualquier cliente de lo que decidió al encargar. Quien repite la descripción diez veces y elige la mejor de diez sigue eligiendo entre formas que no decidió: elegir no es concebir. El capítulo del cliente, más adelante en este bloque, recoge esa posición con sus derechos y sus límites. Y no es un juicio de valor: un generador no copia a nadie —produce—, y el problema que este capítulo examina no es el plagio sino la ausencia de decisión. Por eso este Manual no escribe «no es arte», que es un debate sin fondo y perdido de antemano; escribe lo que puede sostener: nadie decidió la forma.
Elegir no es concebir.

4. La figura compuesta con generadores y bibliotecas
Hay programas —aquí se les llama generadores— que entregan un cuerpo humano completo moviendo deslizadores: edad, complexión, sexo, rasgos del rostro; se le elige la ropa de una biblioteca y se le da una pose, y sale una figura sin haber modelado nada. Tres de ellos son DAZ Studio, MakeHuman y Character Creator. Y hay una práctica vecina, el kitbashing, que consiste en componer una figura con cabezas, manos, cuerpos y ropas de bibliotecas distintas.
La primera pregunta es de quién son las formas de las piezas, y la contestan las licencias, que no son iguales. DAZ 3D permite imprimir en tres dimensiones su contenido «only for personal, non-commercial use by the User», y ofrece aparte una licencia de impresión que permite el uso comercial «so long as it is produced by 3D Printing».9 MakeHuman cede los personajes exportados con su programa bajo la dedicación al dominio público CC0: «The person who associated a work with this deed has dedicated the work to the public domain by waiving all of his or her rights to the work worldwide under copyright law».9 Reallusion, fabricante de Character Creator, permite vender y publicar «your Original Character Creations for any commercial use, including […] 3D printing», con la prohibición de venderlos como modelo en un mercado de contenidos y de usar sin cambios el modelo base.9 Tres programas, tres respuestas: formas con autor cuya reproducción se autoriza por licencia; formas cuyos autores han renunciado a sus derechos; formas con autor que se pueden vender transformadas pero no tal cual. Antes de preguntar qué es uno respecto de la figura, hay que haber leído de quién son las piezas.
La segunda pregunta es la de siempre: qué decidió quien movió los deslizadores. Las formas de las piezas las concibieron los autores del programa o de la biblioteca; el usuario eligió entre ellas, las combinó y las puso en una pose, partiendo del cuerpo en posición anatómica de la sección 2. Eso es selección y disposición, y la Oficina de Derechos de Autor de los Estados Unidos, en el informe de 2025 que el capítulo anterior presentó (Quien concibe la forma), reconoce autoría en «the creative selection, coordination, or arrangement of material».10 De ahí la segunda casilla propuesta, también Inferido por contexto: en la figura compuesta con generadores, las formas tienen los autores de las piezas; quien las compone es, respecto de las piezas, lo que diga la licencia (ejecutante, si autoriza la reproducción; artesano, si los autores renunciaron a sus derechos), y, respecto de la figura, autor solo de la composición, en la medida de lo que decidió al elegir y disponer. No es escultor, porque no modeló; y no es autor de un san José con el niño en brazos por haber elegido «hombre, cuarenta años, barba» en tres deslizadores. Si después retoca la figura en un programa de escultura digital hasta cambiarle el rostro, las manos y el peso de la tela, ha vuelto al capítulo del escultor (El escultor: «Un oficio con dos nombres»), y lo que haya modelado es suyo.
Falta en este recuento un cuarto sitio de donde sale forma, y no es un programa sino una tienda: los catálogos generales de modelos tridimensionales, pensados para el cine, el videojuego y la publicidad, donde una figura religiosa se compra como se compra una silla o un coche. En TurboSquid, uno de los mayores, un «Jesus Christ Rigged Real Model» —un Cristo con esqueleto preparado para animarlo, en pose de brazos abiertos— se vendía a 149 dólares, y un «Jesus Christ PACK» a 199.11 Ahí la figura del belén es un activo más de un almacén que no sabe qué es un belén. Quien la descarga y la imprime está, respecto de ella, donde diga la licencia del catálogo; respecto del belén, no ha decidido nada todavía.
5. Lo que se parece a una respuesta y no lo es: las listas
Hay dos cosas que el belenismo toma a veces por respuesta a la pregunta de quién concibió la forma, y que responden a otra. Las dos son listas administrativas.
La condición de artesano es un reconocimiento que una administración concede a quien lo pide y cumple sus requisitos, para acceder a ferias, ayudas y servicios. En Cataluña la regula el Decret 182/2014: «El carnet d'artesà/ana és una acreditació voluntària, expedida per la Generalitat de Catalunya, que pot sol·licitar qualsevol persona física que desenvolupa la seva producció artesanalment».17 Voluntaria y a petición. Su definición de artesanía mira al modo de producir, «que en cap cas sigui susceptible d'una producció industrial, totalment mecanitzada o en grans sèries», y su repertorio de oficios artesanos incluye, en la familia 14, los oficios 14.5 «Escultor/a», 14.6 «Figurista de pessebre», 14.10 «Modelista» y 14.11 «Pessebrista».17 El epígrafe fiscal hace lo mismo con otro fin: el Impuesto sobre Actividades Económicas reúne en un solo grupo, el 861 de la sección segunda, a «Pintores, Escultores, Ceramistas, Artesanos, Grabadores, Artistas Falleros y artistas similares».18
| Lista | Quién la hace | Para qué sirve | Qué dice de quién concibió la forma |
|---|---|---|---|
| Repertorio de oficios artesanos (Decret 182/2014) | Administración de comercio de Cataluña | Acceso a carnet, ferias, ayudas | Nada: sitúa al escultor, al figurista y al modelista en la misma familia |
| Grupo 861 del IAE | Hacienda | Tributar | Nada: pintores, escultores y artesanos tributan juntos |
| Requisitos de una feria | Cada feria | Admitir expositores | Nada: un alta fiscal, fotografías de lo que se hace |
Lo que una lista prueba es que alguien escribió una lista. Si no dice quién la redactó ni desde qué disciplina, no prueba que sea exacta, y ninguna de estas dice ninguna de las dos cosas; que los escultores del Renacimiento tuvieran que discutir durante un siglo si eran artistas o artesanos, como el capítulo del escultor recordó (El escultor: «Un oficio con dos nombres»), enseña lo poco que vale una clasificación ajena para decir lo que es un oficio. Las listas sirven para lo que sirven. Lo que viaja de este ejemplo a los demás países del Manual es el mecanismo: toda administración clasifica para sus fines, y ninguno de sus fines es decidir quién concibió una forma.
Lo que una lista prueba es que alguien escribió una lista.
6. Lo que ha cambiado y lo que no
Llegados aquí conviene detenerse, porque es fácil sacar de las cuatro formas anteriores una conclusión que no se sigue de ellas: que la autoría del escultor ha cambiado. No ha cambiado. La ley es la misma que era: «Se considera autor a la persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica», y esa propiedad le corresponde «por el solo hecho de su creación».12 Un pastor cuya forma decidió alguien tiene hoy exactamente el autor que tenía antes de que existiera ningún generador, con los mismos derechos y la misma duración. Lo que una máquina devuelve no toca eso.
Lo que ha desaparecido son dos cosas que no estaban en ninguna ley, y por eso nadie las echó en falta mientras duraron.
La primera es la escasez de la forma. Hasta hace poco, una figura de belén solo podía salir de un escultor o de un molde sacado de la obra de un escultor; la forma era escasa porque hacerla costaba oficio y horas. Hoy sale de tres sitios que no necesitan a ningún escultor: un generador de volúmenes como los de la sección 3, una biblioteca de cuerpos como las de la sección 4 y una tienda de archivos como las de la sección 9. Y un archivo, una vez existe, se reproduce en cualquier material: fresado en bronce o en mármol, molde de escayola para arcilla o pasta cerámica, molde de silicona para resina, cualquier impresora. Y, una vez vendido, se copia sin límite, y cada comprador puede ser el siguiente vendedor.
La segunda es la presunción de autor. Delante de una figura, el belenismo daba por hecho que detrás había alguien que la había decidido; la pregunta era, como mucho, quién. Esa presunción ha dejado de valer: delante de una figura, hoy, no se sabe si alguien decidió su forma, y el objeto no lo dice.
Hay que separar, pues, tres planos que el primer impulso mezcla. La ley: igual. El mercado: roto, y de eso trata la sección 9. La prueba: donde está hoy la respuesta, y de eso tratan las dos secciones siguientes. Y conviene anotar una consecuencia de la ley que juega a favor de quien decide: quien vende figuras cuya forma nadie decidió no tiene autor que oponer, y quien se las copia no infringe ningún derecho de autor, porque no hay autor. La forma sin autor es, por definición, la más desprotegida de todas.
De aquí se sigue también dónde pasa la línea, y no pasa por donde suele decirse. La línea no es arcilla contra pantalla: es forma decidida contra forma generada. Un pastor modelado punto por punto en un programa de escultura digital tiene escultor, igual que uno modelado en arcilla o tallado en madera; un pastor pedido a un generador y aceptado tal cual no lo tiene, y uno generado y rehecho hasta que nada quede sin decidir vuelve a tenerlo. La herramienta no clasifica a nadie. Lo que la arcilla aporta hoy no es autoría —el modelado digital de un escultor ya la tenía— sino algo distinto, que la sección 8 nombra: una prueba de autoría que el archivo no puede dar.
La línea no es arcilla contra pantalla: es forma decidida contra forma generada.
Y una cosa que no cambia con ninguna herramienta: la investigación es de autor en cualquier medio. Saber qué llevaba un pastor de Judea, cómo se sujetaba el manto, qué era un cayado y cómo se apoyaba uno en él, es trabajo que hay que hacer antes de modelar en arcilla, antes de tallar en madera, antes de modelar en pantalla y antes de escribir una descripción para un generador. Quien lo hace es autor de ese trabajo, se modele después como se modele. Lo que una máquina no puede hacer por nadie es haber ido a mirar. Y conviene decir qué es mirar, porque la palabra engaña: son los ojos de una persona concreta delante de una cosa concreta —un apero conservado, una prenda en una vitrina, un gesto que alguien todavía sabe hacer—, que ve lo que esa cosa es y lo que no es. Un sistema generativo no mira nada: produce una forma a partir de las regularidades de millones de imágenes hechas antes por otros, y devuelve lo que una figura así suele parecer. Si en esas imágenes el cayado se apoyaba mal, el suyo se apoyará mal. No hay observación; hay promedio. La mirada que la investigación exige no se puede delegar en eso, porque no hay nadie que mire.
No hay observación; hay promedio.
Un ejemplo lo deja a la vista, y es de quien escribe. El 13 de octubre de 2026, Emili Solé pidió a Photoshop, con una de las figuras generadas de la sección 9 como referencia, «del mismo estilo un nacimiento de María, José y el Niño Jesús en pañales y acostado en un pesebre. María sostiene con una mano la del Niño Jesús delicadamente y José también, agachado, alumbra la escena con una lámpara herodiana». Veinte segundos después tenía la imagen: tres figuras en triángulo, los tres gestos encadenados, pliegues coherentes, una lámpara encendida. A quien no ha ido a mirar le vale, y ese es el punto. La lámpara que José sostiene tiene asa de anillo, pico largo y el tamaño de una jarra; la herodiana que las fichas de este Manual recogen mide de ocho a once centímetros, es de terracota, de cuerpo redondeado y con un pico corto para la mecha: el sistema recibió la palabra y devolvió la lámpara que una lámpara antigua suele parecer. El pesebre es una cuna de carpintería con patas torneadas; de su material el Manual no afirma nada —piedra, obra o madera son posibles—, pero sí que ha de parecer primero un comedero, y esto parece un mueble. Y la ropa es la de todas las figuras generadas de este año: túnica, manto, turbante, flecos; no está mal, está sin decidir. Nada de esto se ve sin haber leído antes; todo se ve después. Esa es la distancia exacta entre el promedio y la mirada, y la única manera de que el lector la conozca es que alguien que fue a mirar se la señale.21

Lo que este capítulo llama promedio lo ha dicho también alguien que no es escultor, ni jurista, ni vende figuras, y conviene traerlo aquí porque llega a la misma distinción desde un sitio donde nadie la esperaba: la Iglesia hablando a los artistas. Hay dos textos, de dos clases distintas, y hay que leerlos en orden.
El primero es una encíclica. Una encíclica es una carta del Papa a toda la Iglesia sobre una cuestión de fondo, y es el documento de más peso que un Papa firma. La de León XIV se titula Magnifica humanitas, lleva fecha del 15 de mayo de 2026 y trata, según su propio subtítulo, de «la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial». No habla de arte generado; habla de lo que la inteligencia artificial hace con quien la usa. En su párrafo 100 describe tres riesgos del uso personal, y el primero es el que este capítulo ha visto en el taller: «la facilidad para lograr el resultado». La velocidad y la sencillez con que se obtienen «elaboraciones complejas, contenidos mediáticos» —y una figura de belén es las dos cosas— «pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas rápidas, debilitando el juicio personal y la creatividad».25 Añade algo que explica por qué el promedio es promedio: las respuestas de estos sistemas dan «impresión de objetividad», y esa impresión hace olvidar que «reflejan los parámetros culturales de quienes las han proyectado y adiestrado». Dicho en los términos de este capítulo: quien escribe «lámpara antigua» y acepta lo que vuelve no ha decidido la lámpara, y además ha dejado de ejercitar lo que le permitiría decidirla. La encíclica mira al que pide; no dice nada del objeto que sale.
El segundo texto es un discurso, cinco meses después. El 2 de octubre de 2026, el mismo León XIV recibió en el Vaticano a un grupo de artistas y comisarios de exposiciones reunidos por el Dicasterio para la Cultura y la Educación, y les habló del arte. Un discurso a un grupo no tiene el peso de una encíclica, pero aquí dice lo que la encíclica no dijo, y lo dice del objeto. Primero, que la Iglesia necesita a los artistas «in modo particolare in quest'era dell'intelligenza artificiale, nel quale diventa urgente distinguere l'arte umana da ciò che viene prodotto dalle macchine». Y después, dónde está la diferencia: «C'è una differenza ontologica, prima ancora che estetica, tra l'arte e ciò che una macchina può generare per calcolo statistico a partire da milioni di immagini altrui».26 Conviene leer despacio esas dos palabras. Estética es lo que se ve: si la figura está bien o mal resuelta, si gusta. Ontológica es lo que la cosa es, antes de mirarla. El Papa no dice que lo generado sea feo, ni que no sea arte, ni que esté prohibido: dice que es otra clase de cosa, y que lo es por cómo se produjo, «por cálculo estadístico a partir de millones de imágenes de otros». Eso es, palabra por palabra, lo que este capítulo ha llamado promedio: el sistema no mira nada, devuelve lo que una figura así suele parecer en las imágenes que otros hicieron antes. Y la consecuencia que el discurso saca es la misma que la sección 7 sacará: que hace falta distinguir, no condenar, porque a la vista las dos cosas ya no se distinguen.
Las dos fuentes se citan con su fecha y como contraste, no como autoridad. Ni una encíclica ni un discurso deciden qué es una figura de belén ni quién es su autor: eso lo deciden la forma y la prueba, como todo este bloque sostiene. Lo que aportan es otra cosa, y no es poco: que la distinción entre forma decidida y forma generada no es una cuestión de taller ni una queja de escultores. El Papa no modela ni vende figuras, y ha llegado a ella por su cuenta: le ha puesto nombre —ontológica, antes que estética— y ha descrito además las dos puntas de la cadena que este capítulo recorre: el que pide y delega, en la encíclica de mayo; lo que sale y de dónde sale, en el discurso de octubre.
7. Lo que una figura ya no deja ver de su origen
El lector de este Manual se encuentra, en una feria, en una exposición o en una pantalla, delante de una figura ajena, y se pregunta si alguien la decidió. Hace dos o tres años el objeto solía contestar: los sistemas resolvían mal las manos, las orejas y los pies, la ropa caía bien sin salir de ninguna prenda, los objetos no servían para lo que eran, el detalle cubría por igual lo que importaba y lo que no. Quien tenía oficio lo veía. Eso se ha acabado, y hay que decirlo con la misma claridad con que antes se decía lo contrario.
La figura que una página de figuras de belén publicó el 21 de diciembre de 2025 —un anciano sentado, con un cuenco en una mano y la otra extendida pidiendo— tiene cinco dedos en cada mano y en cada pie, los tendones del dorso marcados, un cuenco que se sostiene y podría llenarse, un manto anudado al pecho con el nudo resuelto, pliegues que salen de una prenda y caen por su peso, y una pose que hace algo.13 No hay nada que un escultor pueda señalar. Y lo que ese sistema hacía mal hace dos años y hoy hace bien, lo hará mejor dentro de un mes: los que lo venden lo prometen en sus páginas, y cumplen. Por eso esta sección no da una lista de señales, que estaría desfasada antes de publicarse. Da el hecho: hoy no hay nada en la forma que diga quién la decidió.
Y da lo que sí se ve, que no está en la figura sino alrededor de ella.
El render es la imagen del producto. En la tienda Laual, que vende figuras de belén «artesanals en 3D», el catálogo tenía el 13 de octubre de 2026 sesenta y ocho figuras, y las sesenta y ocho se enseñaban con la misma imagen: un volumen gris sobre fondo neutro, el archivo visto en pantalla; en el servidor esas imágenes se llaman, una por una, «Arxiu producte». El texto de la página habla de «un meticulós procés de pintura», de «cada pinzellada» y de «petites obres d'art»; en las páginas del catálogo y de precios no hay una sola fotografía de una pieza pintada.14 Lo mismo en Presepe3DArt, que se anuncia como «statuine presepe iper realistiche, stampate in resina + dipinte a mano»: lo que publica son renders en gris sobre negro.13 El comprador no mira un objeto; mira el archivo. El objeto, si lo hay, es una derivación que cuesta lo que cuesta producirla.
«Artesanal», «hecho a mano», «piezas numeradas», sin nadie que firme. Ninguna de las dos tiendas da un nombre de autor, ni una razón social, ni un «quiénes somos»; Presepe3DArt ofrece «Edición Artesanal: piezas numeradas, pintadas a mano»; Laual firma con un plural, «estem especialitzades».1314 Una edición numerada sin autor es una contradicción en los términos: numerar es contar los ejemplares de una obra de alguien. Y «hecho a mano» aplicado a lo impreso es, exactamente, el vocabulario que el capítulo del escultor desmontó (El escultor: «Un oficio con dos nombres»). Aquí el criterio que el capítulo de autor y ley formuló —pedir el procedimiento, no la promesa (Autor y ley: «Lo que la ley reconoce, y a quién»)— tiene su caso: la promesa está escrita; el procedimiento no se enseña.
La etiqueta de la plataforma. Desde 2024, Facebook e Instagram ponen una etiqueta de contenido de inteligencia artificial en algunas publicaciones. Meta explica que la etiqueta se aplica cuando «people disclose that they're uploading AI-generated content» o cuando el sistema detecta «industry standard indicators that other companies include in content created using their tools», y que su propósito es dar «more information about the content so they can better assess it».15 Una publicación de Presepe3DArt del 17 de junio de 2026, la que anunciaba «más de 140 modelos diferentes disponibles», lleva esa etiqueta.13 Es un hecho de la plataforma —una declaración del que publica o una señal técnica del archivo—, no un veredicto sobre la figura ni sobre nadie: una publicación etiquetada puede ser una fotografía retocada de una terracota modelada; una sin etiqueta, un render de un archivo generado. Se cita como lo que es: lo que la plataforma mostraba ese día. YouTube hace lo mismo: exige a quien publica que declare el contenido generado o alterado «that seems realistic», muestra la etiqueta en la descripción ampliada o, para el contenido fotorrealista, en el propio reproductor, y «may automatically apply an AI label» cuando el archivo trae indicadores de procedencia o se hizo con sus herramientas.24 Las etiquetas de las dos plataformas aparecen en varios de los casos que este capítulo cita, y en todos valen lo mismo: lo que la plataforma mostraba ese día.
Con eso se cierra lo que se puede saber mirando: nada del objeto, y del que lo publica, lo que él mismo escribe. Quien ha concebido una forma puede enseñar cómo la concibió —los estados, los bocetos, las decisiones—; quien ha escrito una descripción solo puede enseñar lo que el sistema le devolvió. La pregunta útil delante de una figura ya no es «¿qué te parece?» sino «¿cómo se hizo, y se puede ver?».
La pregunta útil delante de una figura ya no es «¿qué te parece?» sino «¿cómo se hizo, y se puede ver?».

8. Lo que prueba: la cadena
Si ni el material, ni el estilo, ni el objeto, ni las huellas, ni la fotografía del taller prueban que alguien decidió la forma, ¿qué lo prueba? Conviene decir primero por qué no lo prueban esas cinco cosas, porque el belenismo las toma por prueba.
El material. Una terracota o una talla en madera pueden salir de un archivo que nadie concibió: del archivo se imprime un original, de ese original se saca molde y se cuece la arcilla; o el mismo archivo se fresa en madera y la talla sale de la máquina. Una resina impresa existe físicamente igual que una terracota. El material dice de qué está hecha la pieza, no quién decidió su forma. El estilo. El estilo no prueba la autoría ni entre humanos: dos pintores de la misma escuela y el mismo año se confunden a simple vista, y la historia del arte vive de atribuciones discutidas; lo hiperrealista prueba menos todavía, porque busca borrar la mano. El objeto sobre la mesa. Que haya una pieza que se puede tocar no dice de dónde vino la forma. Las huellas de la mano. Hay escultores que las borran a propósito con pincel, esponja o trapo, y hay moldes que las reproducen: un molde sacado de un original con huellas devuelve ejemplares con huellas. Una huella prueba que una mano tocó un original alguna vez; no prueba que la pieza que se tiene delante sea ese original. La fotografía de la pieza en el taller. La figura terminada sobre la mesa, entre botes de pintura, pinceles, gubias y virutas, es lo que un escenógrafo publica cuando acaba una escena, y es hoy lo que un sistema genera con la misma facilidad que la figura: una cuenta de dioramas publicaba en septiembre de 2026 escenas enteras, fotografiadas así, con la etiqueta de contenido de inteligencia artificial puesta por la plataforma; no hay pieza ni herramientas.23 El render de las tiendas enseñaba el archivo y escondía el objeto; esto enseña un objeto que no existe y le pone alrededor las señales del trabajo. Es la promesa vestida de procedimiento.

Lo que prueba es una sola cosa, y no es un objeto sino una cadena. La cadena tiene dos eslabones, y hacen falta los dos. El proceso visto: el modelado grabado, de la primera pella a la firma, en todas sus tomas, sin que falte ninguna en la que la forma cambie; y la policromía, igual, en las suyas. El objeto que aparece en esas tomas y sigue existiendo: la misma pieza, con sus accidentes, sus huellas y su firma, que se puede poner al lado de la grabación. Con eso queda fijado cuál es el original. Que después se reproduzca no rompe nada: una copia autorizada es una copia de ese original, y lo declara; una copia no autorizada es lo que ha sido siempre en la historia del arte —una falsificación o un plagio, según el caso—, un delito con nombre, que el capítulo de autor y ley trató al decir qué puede hacer cada uno con la figura (Autor y ley: «Lo que la ley reconoce, y a quién»), y que la grabación del original hace más fácil de probar, no más difícil.
Conviene decir qué es exactamente «el proceso visto», porque no toda grabación lo es. Una grabación del lienzo de un programa de escultura digital, sin nada más, no prueba nada: se abre la figura —propia o generada—, se le va quitando forma y resolución hasta devolverla a la esfera de la que parte el programa, se graba solo el lienzo y se edita el vídeo al revés; lo que se ve es una esfera que se convierte en figura, y nada lo delata, porque un trazo que quita, visto al revés, es un trazo que pone. Y ni siquiera hace falta ir hacia atrás: el volumen puede entrar en el programa ya hecho, desde un generador que lo manda con un botón —la sección 9 lo enseña—, y la grabación del lienzo mostrará a alguien retocando durante una hora una figura que no decidió. Lo que prueba es la persona trabajando: las manos sobre la arcilla o sobre la tableta, con el monitor en el mismo plano; el rostro o el cuerpo de quien modela; y su voz diciendo lo que está haciendo en ese momento, no después. Esa grabación no se puede invertir, porque una mano que añade o quita arcilla con los dedos o con un palillo, vista al revés, se delata como alguien andando hacia atrás; y en pantalla, con la mano y el monitor en el encuadre, pasa lo mismo. Y es también lo que una inteligencia artificial hoy no fabrica. Fabrica ya, en planos de pocos segundos, unas manos manchadas de arcilla, una cara y un taller verosímiles; lo que no fabrica es una forma que cambie bajo esas manos, de la pella a la figura, en tomas largas y sin cortes, con la voz pegada al gesto. Un ejemplo, con fecha: un vídeo corto de divulgación sobre Camille Claudel, etiquetado por la plataforma como contenido de inteligencia artificial, encadena una veintena de planos de dos a cuatro segundos; en el único en que la escultora «modela», las manos están posadas sobre un cilindro de arcilla que no cambia entre el principio y el final del plano, y en un mismo encuadre, en pocos segundos, las herramientas cambian de número y de sitio: una en el bolsillo y otra entre las manos, luego solo la del bolsillo, luego dos entre las manos y ninguna en el bolsillo.22 Lo que la máquina produce son segundos; lo que no produce es continuidad. Una toma larga de una forma naciendo vale más como prueba que horas de lienzo grabado y que cualquier montaje de planos cortos, por verosímil que sea cada uno; por eso la unidad de esta cadena es la toma, lo que la cámara graba de un tirón. Por eso en este Manual «grabar el modelado» quiere decir grabar a quien modela, no solo lo modelado.


Y hay que decir también qué tiene que verse en esas tomas, porque unas manos sobre arcilla, con cara y voz, prueban que alguien estuvo trabajando esa pieza, y eso todavía no es lo que se busca. Una figura impresa a partir de un archivo se puede cubrir con una capa de arcilla y grabar después cómo se «modela» esa capa, con todo lo que el párrafo anterior pide en el encuadre; la forma, en ese caso, estaba decidida antes de la primera toma, debajo de la arcilla, y lo que la cámara ve crecer es la capa, no la figura. Lo que la cadena tiene que mostrar es el volumen naciendo, y eso empieza antes de que haya figura: la pastilla de arcilla tal como sale de su envoltorio, el corte de la pella con el hilo, el soporte vacío si la figura lo necesita, y la primera pella sobre él, sin nada más. A partir de ahí, el volumen crece como crece en el modelado: por adición de pellas que los dedos aprietan y reparten, o por sustracción con el palillo, y cada uno de esos gestos deja ver que debajo no había nada. En la talla directa la cadena es la misma, al revés: el bloque entero antes del primer golpe, y la forma saliendo de él por sustracción, golpe a golpe, sin que nada se añada. Lo que ahí no prueba nada es el bloque que llega ya desbastado por una fresadora a partir de un archivo y se «termina» a gubia: es la impresión cubierta de arcilla, en madera. Lo contrario también se ve, y conviene saber mirarlo. Una espátula es plana, y por eso lo que hace es aplicar o quitar material en superficie: alisa, corta, repasa; no crea volumen. Una grabación en que el paso de una espátula deja tras de sí un volumen ya hecho —un brazo, un pliegue, una cara que no estaba y aparece al retirar la hoja— enseña una superficie que se destapa, no una forma que nace. Lo mismo ocurre con la policromía: un pincel cargado de pintura la deposita, sus cerdas se doblan contra la pieza y dejan una huella húmeda que se ve; un pincel que recorre la figura sin cargarse, sin doblarse y sin dejar nada, como si fuera un rotulador de punta rígida, no está pintando. Son señales, no pruebas: una señal es una falta; varias juntas hacen verosímil que la grabación no enseña lo que dice; ninguna demuestra por sí sola cómo se hizo la pieza. Lo que sí demuestra algo es la ausencia de la primera toma: una cadena que empieza con la figura ya en pie, por mucha arcilla que se le vea poner encima, no prueba la decisión de la forma, sino solo el trabajo de alguien sobre una forma que ya existía.
Cada eslabón suelto se puede falsificar. Un vídeo se corta; un objeto se sustituye. La cadena entera, hoy, no sale a cuenta falsificarla: fabricar horas de grabación de unas manos decidiendo una forma que al final coincida con una pieza existente cuesta más que lo que vale una figura de belén. El argumento es económico y lleva fecha, como todo en este capítulo: cuando la técnica abarate esa falsificación, el argumento habrá que revisarlo. Lo que no lleva fecha es la pregunta que la cadena contesta —¿alguien decidió esto?— y la observación de que, de todas las pruebas posibles, es la única que no está en el objeto sino fuera de él.
Conviene decir también lo que la cadena no hace. No impide la copia: una terracota se escanea igual que cualquier cosa, y de su archivo saldrán ejemplares en el material que se quiera. Lo que la cadena hace es dejar claro de quién es lo copiado: habrá un original cuyo nacimiento está visto, con el autor que la ley reconoce y los derechos que eso trae, y cualquier ejemplar que salga de él será reproducción de una obra ajena, autorizada o no. El escultor que decide y lo deja ver no evita que lo copien; evita que lo copiado pase por de nadie.
El escultor que decide y lo deja ver no evita que lo copien; evita que lo copiado pase por de nadie.
Y conviene decir qué vale antes de la cadena. Las grabaciones empiezan un día; lo anterior no se grabó. Para ese tiempo valen las pruebas de siempre, las que el capítulo anterior llamó el historial (Quien concibe la forma): la obra documentada con su fecha y su nombre, las grabaciones antiguas aunque no sean enteras, las exposiciones, los catálogos, las publicaciones. Un historial no prueba cada figura; prueba que había alguien que decidía formas antes de que hiciera falta demostrarlo.





9. El mercado del componente, con los precios a la vista
Hay un punto que el belenismo no suele decir en voz alta y que este capítulo necesita decir, porque de él depende entender dónde golpea la forma sin autor y dónde no.
Para muchos escenógrafos —sobre todo en las asociaciones, donde cada año hay que construir escenas nuevas con presupuesto fijo— la figura es un componente de la escena. Ha de cumplir su papel, ha de gustar y ha de costar poco; en esos tres criterios se decide la compra, y es razonable que se decida así: lo que el escenógrafo firma es la escena, y a la escena le da igual de dónde salió el pastor del fondo mientras parezca un pastor. No es una actitud nueva; es la posición del cliente en una cadena que este bloque describe entera.
Lo nuevo es que, en esos tres criterios, la forma sin autor gana siempre, y los precios están publicados. La tabla de Laual, el 13 de octubre de 2026: figura impresa sin pintar, de 25 € a 43 € según el tamaño, de 10 a 24 centímetros; pintada, de 54 € a 72 €; «Arxiu STL», 4 €; «Disseny de figura personalitzada», 99 €; envío, 5 €; tamaño monumental de un metro, a consultar.14 Léase despacio la línea del archivo. Cuatro euros no pagan ninguna obra: pagan el acto de descargar. Un archivo cuesta lo mismo producirlo una vez que mil, así que cualquier precio por encima de cero es beneficio y el vendedor puede bajarlo hasta donde quiera; quien vende figuras físicas no puede seguirlo, porque cada unidad suya cuesta material, horas y envío. El archivo, además, no tiene medida: el comprador lo imprime al tamaño que quiera, las veces que quiera. Con cuatro euros una asociación imprime los pastores que necesite y los pinta ella; una sola venta cubre una demanda que antes eran diez o veinte figuras compradas. Cuánto vende esa tienda no lo sabe nadie fuera de ella, y el argumento no lo necesita: si vende diez mil archivos al año, son cuarenta mil euros por figuras cuya forma no decidió ningún escultor, y el mercado está roto por volumen; si no vende ninguno, lo que queda en la cabeza del comprador es que una figura de belén cuesta cuatro euros, y a partir de ahí el precio de una terracota única no se entiende como otra cosa que un disparate.
Cuatro euros no pagan ninguna obra: pagan el acto de descargar.
El otro golpe es el de la cantidad. Presepe3DArt, una página italiana sin nombre de autor, anunciaba el 17 de junio de 2026 «más de 140 modelos diferentes disponibles, incluyendo personajes populares, oficios antiguos, figuras históricas y creaciones personalizadas», en tamaños de 10 a 30 centímetros, con envíos «a toda España y al resto del mundo»; el 5 de octubre eran «più di 230 personaggi diversi».13 Noventa personajes nuevos en cuatro meses. Un escultor que decide cada forma saca, en la experiencia de quien escribe, unas pocas decenas en un año bueno. Y la demanda está ahí, y se lee en los comentarios de sus vídeos, que preguntan por la caja, no por el autor: «¿Qué medidas tiene? ¿Cuál es el precio?»; «pertenezco a una falla en la cual hacemos el belén de dicha falla y me gustaría saber precios de las figuras y modelos»; «vivo en California, dime en dónde yo consigo pastores así».13 Trece mil seguidores en esa página son trece mil personas que han ido a mirar allí, y cada compra que se haga allí es una que no se hará a nadie más. Quien pregunta el precio no pregunta quién la modeló, y no lo pregunta porque ha dejado de ser un criterio de compra.
Y el que hoy vende tampoco está a salvo, por la misma razón que el capítulo dio en la sección 6: quien vende formas que nadie decidió no tiene autor que oponer. No hace falta ni comprar: basta el anuncio. Emili Solé lo comprobó el 13 de octubre de 2026, por la tarde, en menos de media hora, descubriendo la cadena mientras la recorría. Tomó la imagen con que Presepe3DArt anuncia en Facebook una de sus figuras —un muchacho con dos cestos, publicada el 17 de junio con la etiqueta «AI content» de la plataforma— y la subió a Tripo, un generador de volúmenes a partir de imagen, en su modo gratuito. En minutos devolvió una figura de 1.903.193 caras, es decir, resolución de impresión, con la espalda, la planta de las sandalias y el fondo de los cestos resueltos de forma coherente aunque la foto no los enseñaba. El botón de exportar ofrece USD, FBX, OBJ, STL, GLB y 3MF, con textura 4K —STL y 3MF son los formatos de impresora—, y el de «Enviar a» manda el volumen a Blender, 3ds Max, Maya o ZBrush, donde cualquiera le cambia la cara, le gira la cabeza y lo firma. Y ya no hace falta ni la imagen ajena ni el programa de después: la misma plataforma genera la imagen de partida a partir de una frase, con motores de imagen de otras empresas en su menú, admite correcciones por conversación —«podrias cambiarle a una expresion mas seria»—, convierte la imagen en volumen y lo divide en piezas del tamaño de la cama de la impresora, «print-ready […] no repairs needed». Gratis son 200 créditos al mes, unos 13 modelos, «uso no comercial»; por 12 euros al mes, unos 200 modelos a 0,06 € cada uno, «uso comercial»; por 41, 1.660 a 0,02 €.20 Ni siquiera hace falta copiar. La misma imagen, dada a Photoshop con la frase «Una imagen de una figura parecida o del mismo estilo», devolvió en menos de un minuto una pescadora con cayado, cántaro y cesto de peces, con el mismo gris, el mismo fondo negro y la misma luz, que entra en Tripo por el mismo sitio y sale como otra figura más, que no es de nadie; un clic por descuido en el mismo botón devolvió, en menos de treinta segundos, un tercer personaje, un hombre con cántaros y cayado.20 Un catálogo de 230 personajes se regenera «parecido» a uno por minuto, y quien lo haga no habrá copiado a nadie. Una tienda así desmonta a otra en poco tiempo, y la siguiente a esa. Quien gana en esa cadena no es ninguno de los que venden figuras: es el que vende impresoras, el que imprime por encargo y, si se le encarga, el que pinta.

Los dos golpes se suman: uno multiplica la oferta de formas, el otro hace infinita la copia. Cuando la oferta no tiene límite y la demanda es la que es, el precio baja hasta el coste de producir una unidad más, y el de un archivo es cero. Y el coste de producir una forma nueva tampoco frena nada: Hyper3D anuncia en su tarifa unos 60 modelos por 24 dólares al mes y unos 416 por 96, es decir, entre 0,40 y 0,23 dólares por modelo;7 con una sola venta a cuatro euros se pagan diez generaciones. Quien vende así no tiene un negocio que dure —sus propios compradores son su competencia, porque cada uno puede revender lo que compró—, pero no hace falta que dure para que el precio de referencia quede puesto. La cuenta la puede hacer cualquiera, y quien escribe este Manual la hizo antes de que hubiera generadores, con los precios de su propio taller como ejemplo: una figura original en terracota policromada, de unos diecisiete centímetros, alrededor de trescientos cincuenta euros; una edición de ocho, trescientos por ejemplar; un molde de silicona y doscientas resinas, ciento veinticinco cada una; el archivo solo, veinticinco euros vendido mil veces. El renglón más rentable era ya el que menos obra original necesitaba, y Laual lo ha corregido a cuatro euros. El límite de esa columna no es el precio: es el número de compradores, que en el belén nadie ha medido.
De aquí sale una distinción que lo ordena todo: bajo el mismo nombre, «figura de belén», hay dos mercados. El de la figura-componente, que se decide por cumplir, gustar y costar poco, y que la forma sin autor hunde, porque nada puede competir con un coste de cero. Y el de la figura-escultura: pieza única, con autor y con proceso, que nunca fue un mercado de volumen y cuyo valor no depende de cuántas se vendan sino de que alguien la decidió y se puede ver. La inundación llega adonde estaba la reproducción —el molde, la serie, la resina, y con ellos el que imprime por encargo, el que pinta, el moldista—, no adonde va la pieza única. Quien vivía de la serie tiene un problema que este capítulo no resuelve; quien hacía pieza única tiene hoy, paradójicamente, el único sitio seco.
Quien hacía pieza única tiene hoy, paradójicamente, el único sitio seco.






| Qué se vende | Quién | Precio | Fecha de consulta |
|---|---|---|---|
| Figura impresa sin pintar, 10-24 cm | Laual | 25-43 € | 13-10-2026 |
| Figura impresa y pintada, 10-24 cm | Laual | 54-72 € | 13-10-2026 |
| Archivo STL de una figura | Laual | 4 € | 13-10-2026 |
| Diseño de figura personalizada | Laual | 99 € | 13-10-2026 |
| Generación de formas, plan Creator | Hyper3D | 24 $ al mes, «aprox. 60 modelos» (0,40 $ por forma) | 13-10-2026 |
| Generación de formas, plan Business | Hyper3D | 96 $ al mes, «aprox. 416 modelos» (0,23 $ por forma) | 13-10-2026 |
| Volumen a partir de imagen, plan gratuito | Tripo Studio | 0 €, 200 créditos, «≈ 13 modelos», uso no comercial | 13-10-2026 |
| Volumen a partir de imagen, plan Pro | Tripo Studio | 12 € al mes, «≈ 200 modelos (0,06 € por modelo)», uso comercial | 13-10-2026 |
| Volumen a partir de imagen, plan Max | Tripo Studio | 41 € al mes, «≈ 1.660 modelos (0,02 € por modelo)» | 13-10-2026 |
Los precios son los de los días indicados y cambian; la tabla no añade nada a las notas, solo los pone juntos.
10. Lo que pierde el belenismo: primero la figura, después la escena
Queda una consecuencia que el escenógrafo que compra componentes no tiene por qué ver, y que conviene ponerle delante, porque le afecta más que a nadie.
El bloque anterior describió el belén como una cadena de autores: el escultor decide la forma de la figura, el escenógrafo decide la escena, y entre los dos —con los que hacen el atrezo, los que pintan, los que visten— la obra tiene más de un nombre. Si las figuras dejan de tener autor, esa cadena pierde un eslabón, y no uno cualquiera. Lo que queda es un solo autor, el escenógrafo, componiendo con piezas de nadie. El belenismo como arte se reduce entonces a composición: escenas construidas con un material que nadie decidió.
Pero la cadena no se detiene en la figura, y es honesto seguirla. Los mismos sistemas que convierten una fotografía en una figura imprimible convierten en volumen cualquier cosa que se les dé —«sube una foto… y lo convierte en un modelo 3D que puedes imprimir»—.8 Una fotografía de un patio, de una casa, de un diorama entero, entra por el mismo sitio y sale como archivo, y un archivo se despieza por planos y se imprime, se recorta y se graba en una cortadora láser, o se fresa en una máquina que lea el archivo; le quedan al belenista el musgo y el corcho que compra, y alguna rama de tomillo. Lo que le llega no es un material para componer: es un kit, sea un diorama o un belén abierto tipo maqueta. Y aquí la palabra que este Manual prohíbe para el belén —montar— pasa a ser la exacta, porque un kit sí se monta: se siguen las instrucciones y se encajan las piezas. El que lo recibe no compone una escena; la ensambla. Su mérito, que era el de quien decide dónde va cada cosa y por qué, se lo ha quedado el archivo, y a él le queda el de quien arma un mueble.
El que lo recibe no compone una escena; la ensambla.
Que esa cadena no es una previsión lo comprobó Emili Solé el 13 de octubre de 2026, en minutos y sin buscar antes qué había en la red. En Photoshop, con el generador de imágenes que el programa incorpora, una sola frase —«un plano de una casa de Belén con patio y que pueda meter dentro el nacimiento y se pueda ver por fuera la escena»— devolvió una casa de Belén abierta por dentro: patio, establo con el Nacimiento, pozo, cocina, almacén, azotea, cada estancia rotulada, flecha del norte y escala. Esa imagen, entregada a ChatGPT con otra sola frase —«De la imagen obtenida, quiero los planos de los alzados y plantas de esta casa»—, devolvió en menos de tres minutos una lámina con la planta baja y los cuatro alzados, con escala gráfica de 0 a 20 metros. Dos frases, ninguna corrección, ninguna fotografía siquiera: la vista salió de la frase. El rótulo de la primera imagen traía dos palabras mal escritas; la lámina las corrigió por su cuenta. Al pie, la lámina avisa de que es «reconstrucción interpretativa a partir de referencia visual — no ejecutivo». El aviso no cambia nada: sobre esa planta se mide, y lo medido se lleva a la escala que se quiera. Lo que sale es la maqueta por despiezar.19
Cuando eso ocurra en las dos puntas —figura de nadie y escena de nadie—, el belén dejará de tener autor en ningún eslabón: nadie habrá decidido nada, y tampoco nadie habrá hecho nada con las manos; será decoración de temporada, objeto industrial. El capítulo del expediente de patrimonio examinó un decreto que llamó artesanía a lo que era arte, y mostró que se equivocaba (El expediente: «El Real Decreto 481/2022: la declaración que rebaja lo que declara»); conviene ver que el belén de kit generado le daría la razón, no porque el decreto hubiera entendido el belenismo, sino porque el belenismo habría bajado hasta su definición. Y como ese decreto no distingue a quien decide de quien ensambla, tampoco podría ver que ha pasado.
Eso no es una catástrofe moral; es una pérdida de rango, y es exacta. Un belén compuesto con figuras sin autor sigue siendo una obra —la del escenógrafo— y puede ser buena; un belén de kit es una decoración, y también puede ser bonita. Lo que ya no es ninguno de los dos es lo que este Manual sostiene que el belenismo es: una escultura que un escenógrafo pone en escena, dos artes que se encuentran. Quien compra bueno, bonito y barato hace, sin saberlo, que el belén sea una cosa más pequeña de lo que era. Ya lo tiene; lo que no sabe es lo que acaba de comprar con ello. Y esa es exactamente la razón por la que la pregunta de este bloque —¿quién decidió la forma?— no es una curiosidad de escultor, sino la que decide qué es un belén.



11. La escena entera sin autor
Lo anterior ha anunciado el kit; el paso previo ya se ha dado, y conviene dejarlo anotado con fecha, porque afecta a otro capítulo de este Manual: el que pregunta qué hace auténtico a un belén bíblico.
En octubre de 2026 circulan por las redes láminas con formato de ficha de taller: una imagen de la escena —un patio de caravanas, la fortaleza de un rey, mujeres lavando junto al agua—, una lista de materiales y herramientas, un paso a paso numerado, «consejos del taller», un apartado de «continuidad en el belén» y un texto histórico sin una sola fuente. En la fortaleza falta el paso 10 y el 11 lleva el título con las letras cambiadas; el patio de caravanas da por hechos «pesebres o ataderos», un «pozo o aljibe central» y «estancias para guardar mercancías» sin que nadie diga de dónde; las lavanderas usan «jabón natural (o sosa)», ceniza y piedra pómez, sin referencia alguna. Los errores dicen que nadie las leyó antes de publicarlas, y se entregan como auténticamente históricas. Las plataformas las etiquetan como contenido de inteligencia artificial, con el alcance que la sección 7 ha dado a esa etiqueta; quien las publica se presenta como maestro belenista y asesor de una asociación.16
Lo que esto añade a la forma sin autor es la escenografía sin autor: ya no una figura cuya forma nadie decidió, sino una escena entera —con sus figuras, su arquitectura, su atrezo y su «historia»— que nadie decidió ni comprobó, presentada como manual. El lector que la siga construirá un patio de caravanas que no existió, con unas lavanderas que no lavaron así, y lo tendrá por histórico. Este capítulo no va más allá; lo que esto hace al belén bíblico pertenece al capítulo que trata de su autenticidad (¿Qué hace auténtico a un pesebre bíblico?). Aquí basta con la observación: la ausencia de decisión no se detiene en la figura, y la ausencia de comprobación tampoco. Y conviene decirlo sin atribuir a nadie mala fe, porque no hace falta: quien publica lo que no ha investigado no está enseñando, está repartiendo lo que el sistema le dio, y el sistema no sabe nada, solo repite lo frecuente. La buena voluntad de quien lo publica no cambia la lámpara. Al lector le basta una regla: la figura o la lámina que no dice de dónde lo sabe, no lo sabe; y la que lo dice, se comprueba.
La figura o la lámina que no dice de dónde lo sabe, no lo sabe; y la que lo dice, se comprueba.

12. Una salida, con su medida
Este Manual no da recetas, pero sí debe decir qué hace quien lo escribe con lo que acaba de exponer, porque de lo contrario el capítulo sería una queja. Y debe decirlo con su medida exacta, para que nadie lo tome por más de lo que es.
Desde octubre de 2026, Emili Solé modela toda figura nueva directamente en arcilla, pieza única cocida en terracota, policromada o no, y graba todo el modelado, toma a toma, de la primera pella a la firma, y la policromía en sus propias tomas: la cadena de la sección 8, entera. Y no ofrece figuras a la venta: ni catálogo, ni precio, ni serie. Lo que cierra con eso es su participación en la cadena como vendedor —su cadena de venta, no la cadena creativa de este bloque, de la que sigue siendo el primer eslabón—. La pieza única puede venderse, como se ha vendido siempre la escultura: tras un diálogo con quien la quiere, con documento de obra original y derechos reservados; y los encargos siguen. Lo que no habrá es un escaparate con figuras a un precio, porque ese escaparate es el mercado de la sección 9, y en él ya no hay nada que decidir. Dicho de otro modo: hace lo que no se puede comprar a cuatro euros. Es también lo único que la cadena de la sección 9 no produce: una persona delante de una cámara con las manos en la arcilla.
Lo que esa salida no hace, y conviene decirlo con la misma claridad: no resuelve nada para los escultores que viven de vender figuras. Es una salida entre varias, y no la única posible. El capítulo siguiente, «Las salidas», las examina una por una —esta incluida, con su medida— y dice de cada una qué aguanta frente a un coste de cero y qué no.
13. Cierre, con fecha
Las dos casillas que este capítulo propone —la forma tomada de la realidad y la figura compuesta— se escribieron en octubre de 2026 por analogía con lo que la fotografía ganó y con lo que una oficina de registro ha escrito sobre lo generado; ninguna decisión judicial sobre figuras escaneadas o compuestas las respalda todavía, y el día que la haya habrá que leerlas contra ella. El argumento económico de la cadena —que falsificarla entera cuesta más de lo que vale una figura— lleva fecha, y es el primero que la técnica puede dejar atrás. Las páginas, las tarifas y las etiquetas que el capítulo cita son las de los días que llevan sus notas; cambiarán, y el capítulo con ellas. La pregunta no cambia; las respuestas se fechan.
La pregunta no cambia; las respuestas se fechan.
Referencias
Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto Legislativo 1/1996), art. 6.2 y art. 27.1. Texto consolidado del BOE (BOE-A-1996-8930), última actualización publicada el 30-3-2022; cotejado el 15-10-2026. ↩
Dos ejemplos, leídos el 1-10-2026: Labs3D (Barcelona), labs3d.com («realizamos escaneo 3D de personas, objetos y piezas para reproducción, impresión 3D»); MIO3D (Sevilla), mio3d.com («te hacemos tu propia réplica mediante el escaneo y la impresión tridimensional»). Se citan como muestra de que el servicio existe, no como recomendación. ↩
Laual, «Figures personalitzades», laual.art/figures-personalitzades/, consultada el 13-10-2026: figura a partir de una fotografía, a partir de una idea, o por escaneo en 3D «vestit amb roba d'època», con «faldilles, armilles, casaques, mocadors, calçat» que la tienda aporta y «una bota, un porró, un cistell, una forca, eines de treball» que se pueden sostener durante el escaneo. La página no da nombre de autor ni razón social. ↩
Musée Rodin, dossier documentaire Rodin, le laboratoire de la création, p. 7 (musee-rodin.fr, PDF), y «Rodin and photography», musee-rodin.fr/en/resources/rodin-and-arts/rodin-and-photography; fecha de Bruselas (enero de 1877) en MuMa Le Havre, ficha «Rodin, L'Âge d'airain». Consultadas el 1-10-2026; traducción del Manual. ↩
Supreme Court of the United States, Burrow-Giles Lithographic Co. v. Sarony, 111 U.S. 53 (1884): tercer finding of fact recogido por el Supremo, y conclusión. Cornell Law School, Legal Information Institute, law.cornell.edu/supremecourt/text/111/53. Consultada el 1-10-2026. ↩
Tribunal de Justicia de la Unión Europea, sentencia de 1-12-2011, asunto C-145/10, Painer, apartados 91 y 94. EUR-Lex (CELEX 62010CJ0145). Consultada el 1-10-2026. ↩
Hyper3D (Deemos Corporation), hyper3d.ai/es, versión «Gen-2.5» en el selector de la página, y hyper3d.ai/es/use-cases/character-design («Generador de personajes 3D con IA»: «Rodin genera recursos 3D prácticamente listos para producción a partir de texto o imágenes, con una topología limpia y materiales PBR»). Tarifa (hyper3d.ai/es/pricing): plan «Creator», 24 dólares al mes, «aprox. 60 modelos»; plan «Business», 96 dólares al mes, «aprox. 416 modelos». La página no publica fecha de versión; la fecha es la de consulta, 13-10-2026. Los sistemas y sus tarifas cambian: lo que se afirma vale para esa versión y ese día. ↩ ↩
Meshy, meshy.ai/es, consultada el 13-10-2026: «Imagen 2D a 3D de alta fidelidad. Sube una foto, un boceto o una pieza de concept art, y Meshy lo convierte en un modelo 3D que puedes imprimir, usar en un juego o refinar aún más»; «La única IA 3D entrenada para imprimir. Los modelos 3D de Meshy se generan pensando en la impresión: watertight, manifold y listos para cortar». Misma cautela que la nota anterior. ↩ ↩
Daz 3D, End User License Agreement, secciones 1.0 y 5.0, daz3d.com/eula; MakeHuman, «License explanation», sección C, makehumancommunity.org/content/license.html; Reallusion, Software EULA, versión del 25-5-2026, secciones 2.2, 5.2 y 5.3, reallusion.com/Content/EULA/AP/EULA_AP.htm. Consultadas el 1-10-2026. Las licencias cambian: lo que se afirma vale para esa fecha. ↩ ↩ ↩
U.S. Copyright Office, Copyright and Artificial Intelligence, Part 2: Copyrightability, Report of the Register of Copyrights, enero de 2025, Executive Summary, copyright.gov. Consultado el 1-10-2026 y releído el 13-10-2026. En el mismo resumen: «The use of AI tools to assist rather than stand in for human creativity does not affect the availability of copyright protection for the output»; «Based on the functioning of current generally available technology, prompts do not alone provide sufficient control»; la autoría «must be analyzed on a case-by-case basis». Se cita con fecha y como contraste, no como autoridad: es el criterio de una oficina administrativa de un país. ↩
TurboSquid, turbosquid.com, consultado el 6-10-2026: «Jesus Christ Rigged Real Model», 149 $; «Jesus Christ PACK», 199 $; modelos en pose de brazos abiertos («T-pose»), preparados para animación. Los precios de catálogo cambian: valen para esa fecha. ↩
Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto Legislativo 1/1996), art. 5.1 y art. 1. Texto consolidado del BOE (BOE-A-1996-8930), última actualización publicada el 30-3-2022; cotejado el 13-10-2026. ↩
Presepe3DArt. Sitio presepe3dart.com (versión castellana), consultado el 13-10-2026: «Línea Clásica», «Edición Artesanal: piezas numeradas, pintadas a mano», «Personalizados»; «Impresión 3D de alta definición · Acabado y pintura a mano · Materiales resistentes y duraderos · Envío seguro en toda Italia»; sin nombre de autor ni razón social. Página de Facebook «Presepe 3d art» (categoría «Artesanía», creada el 21-12-2025), consultada el 13-10-2026: 13 mil seguidores; presentación «Statuine presepe iper realistiche · Stampate in resina + dipinte a mano · Realizziamo anche il TUO volto · Spedizioni in tutto il mondo»; figura del anciano con cuenco publicada el 21-12-2025; publicación del 17-6-2026, con etiqueta «AI content» de la plataforma: «Realizo figuras y escenas para belenes impresas en 3D y acabadas a mano, con más de 140 modelos diferentes disponibles, incluyendo personajes populares, oficios antiguos, figuras históricas y creaciones personalizadas. Disponibles en varios tamaños: 10 cm - 12 cm - 15 cm - 20 cm - 30 cm. Envíos a toda España y al resto del mundo»; «più di 230 personaggi diversi» el 5-10-2026. Los comentarios citados, de tres usuarios distintos, están en dos vídeos de la página (reels 1678461246608276 y 912050358361705), leídos el 13-10-2026; se citan sin nombre. Las imágenes de las publicaciones consultadas son renders en gris sobre fondo negro; en uno de los vídeos aparece una pieza impresa en gris sobre una mesa de taller, y en otro una figura pintada con una mano que la pinta: este capítulo no afirma si ese vídeo es grabación o generación. ↩ ↩ ↩ ↩ ↩ ↩
Laual, laual.art, consultada el 13-10-2026. Catálogo «Figures de pessebre artesanals en 3D»: 68 figuras a 25 € (un Nacimiento a 50 €, un grupo a 63 €); todas las imágenes de producto son renders en gris sobre fondo neutro, con nombre de archivo «Arxiu producte»; texto: «Un cop impresa, cada figura passa per un meticulós procés de pintura […] Cada pinzellada està pensada per ressaltar el caràcter i expressivitat de la figura»; «cadascuna d'aquestes petites obres d'art». Página «Preus»: tabla de 10 a 24 cm, sin pintar 25-43 €, pintada 54-72 €; «Arxiu STL 4 €»; «Disseny de figura personalitzada 99 €»; «Enviament a Espanya 5 €»; «Mida monumental – 1 metre: consulteu»; «Estem especialitzades en figures de pessebre de gran format (100 cm)». Ficha «Emilia»: 25 € IVA incluido, medida de 10 a 20 cm, acabado «Sense Pintar / Pintat (+29,00 €) / Fitxer STL (−21,00 €)». Sin nombre de autor, aviso legal ni razón social; pie «WordPress». Los precios cambian: valen para esa fecha. ↩ ↩ ↩
Meta, «Our Approach to Labeling AI-Generated Content and Manipulated Media», about.fb.com, 5-4-2024, con actualizaciones del 10-5-2024 (alcance al contenido orgánico), 1-7-2024 (la etiqueta «Made with AI» pasa a llamarse «AI info») y 12-9-2024 (contenido solo editado con IA: la etiqueta pasa al menú de la publicación); página modificada el 23-10-2025. Consultada el 13-10-2026. Las políticas de plataforma cambian: lo que se afirma vale para esa fecha. ↩
Láminas examinadas el 8-10-2026 en Facebook e Instagram, sin iniciar sesión, en publicaciones que ambas plataformas etiquetaban «AI content»; quien las publica se presenta en su página como «Maestro Belenista y Asesor Artístico» de una asociación. Lo que permite afirmar: que se publican con ese formato y esa etiqueta, y que su texto histórico no lleva fuente. Lo que no permite afirmar: qué herramienta las generó, si la asociación lo conoce o lo avala, ni nada sobre la persona, por lo que no se la nombra. ↩
Decret 182/2014, de 30 de desembre, sobre l'activitat artesanal (DOGC núm. 6786, 12-1-2015), art. 3, art. 6.1 y annex, «Família 14, Artesà/ana interdisciplinari/ària», oficios 14.5, 14.6, 14.10 y 14.11. Texto consolidado del Portal Jurídic de Catalunya (portaljuridic.gencat.cat/eli/es-ct/d/2014/12/30/182), vigente, con vigencia de la redacción consolidada desde el 24-9-2015; cotejado el 15-10-2026. El Portal advierte que sus textos consolidados no tienen carácter oficial. ↩ ↩
Real Decreto Legislativo 1175/1990, de 28 de septiembre, tarifas del Impuesto sobre Actividades Económicas, sección segunda, agrupación 86 («Profesiones liberales, artísticas, literarias y culturales»), grupo 861. Texto consolidado del BOE (BOE-A-1990-23930), última actualización publicada el 21-3-2026; la redacción del grupo 861 es la dada por el art. 70.3 de la Ley 31/2022, de 23 de diciembre, en vigor desde el 1-1-2023 (la modificación del Real Decreto-ley 9/2024 quedó sin efecto por la Resolución de 22-1-2025). Cotejado el 15-10-2026. ↩
Prueba hecha por Emili Solé el 13-10-2026, documentada con capturas de pantalla. Primer paso: Adobe Photoshop, «Editor asistido por IA con Firefly», modelo Gemini 3.1 (Nano Banana 2), resolución 1K, con el texto citado como única indicación. Segundo paso: ChatGPT, con la imagen anterior adjunta y el texto citado; el propio programa anunció que, al no haber «cotas fiables», presentaría «una reconstrucción aproximada, no planos ejecutivos», y tardó 2 min 50 s. Dos capturas más del mismo día, de bancos de imágenes generadas (media.io, magnific.com) que ofrecen «maquetas de ciudad 3D» y los prompts para obtenerlas. Lo que permite afirmar: que de una frase se obtiene una vista y de la vista unos planos, con dos frases y sin corregir. Lo que no permite afirmar: que las medidas de la lámina sean coherentes entre planta y alzados, porque nadie las comprobó; para el argumento es indiferente, porque quien quiera construirla mide sobre la imagen y fija él la escala. ↩
Prueba hecha por Emili Solé el 13-10-2026, documentada con capturas de pantalla. Imagen de partida: publicación de la página «Presepe 3d art» en Facebook, 17-6-2026, etiquetada «AI content» por la plataforma. Generador: Tripo Studio (studio.tripo3d.ai), plan gratuito, modelo «H3.1 – Máx. calidad»; resultado de 1.903.193 caras y 991.065 vértices, en vistas de frente, perfil, espalda, cenit y planta, y en malla sin textura. Formatos de exportación y destinos de «Enviar a» tal como los mostraba la pantalla ese día; precios de la página de planes de Tripo Studio, facturación anual: Free 0 €, 200 créditos, «≈ 13 modelos»; Pro 12 €/mes, 3.000 créditos, «≈ 200 modelos (0,06 € por modelo)»; Max 41 €/mes, 25.000 créditos, «≈ 1.660 modelos (0,02 € por modelo)». Imágenes «parecidas»: Adobe Photoshop, editor asistido por IA, modelo Gemini 3.1 (Nano Banana 2), con la imagen anterior como referencia y la frase citada; Emili Solé está suscrito a Adobe. Dos generaciones: la pescadora, pedida; el hombre de los cántaros, por un clic involuntario, en menos de treinta segundos. Lo que permite afirmar: que de un anuncio ajeno sale un volumen imprimible, y de ese volumen otra figura, sin que nadie modele. Lo que no permite afirmar: que el volumen sea fiel al archivo que vende esa tienda, ni que la tienda produzca así sus figuras; de ella consta solo lo que dice la nota 13. Portada de tripo3d.ai consultada el 17-10-2026: «Simply type a prompt or upload a photo, and our AI generates a fully textured 3D model you can download and use immediately»; «Turn any image or concept into a detailed, print-ready 3D model — no repairs needed»; «Smart segmentation automatically splits larger models into parts sized for your print bed»; «Export as STL, 3MF, or OBJ — ready to slice, no cleanup required»; la portada no da versión ni fecha. La interfaz de Tripo Studio —menú «Espacio 3D» con «Generar imagen», «Modelo HD» y «Malla de topología inteligente»; columna Imagen → Modelo → Dividir → Remesh → Textura; selector de motores de imagen GPT Image 2, Nano Banana Pro, Nano Banana 2, Nano Banana, GPT Image 1.5 y Midjourney v8.2; una generación fechada en pantalla «2026.08.01 21:05»; la instrucción «podrias cambiarle a una expresion mas seria»— se ve en un vídeo de un usuario publicado en YouTube el 1-9-2026 (youtu.be/eKaAN6aLc84), cuya descripción lleva enlace de afiliado y código de descuento de la plataforma: se cita solo como prueba de que esa pantalla existía ese día, no por nada de lo que su autor opina. Emili Solé no tiene cuenta en la plataforma. ↩ ↩
Generación hecha por Emili Solé el 13-10-2026 en Adobe Photoshop, editor asistido por IA, modelo Gemini 3.1 (Nano Banana 2), formato panorámico 16:9 a 2K, con la figura del hombre de los cántaros (nota 20) como referencia y el texto citado como única indicación; 20 segundos entre la orden y la imagen. Lo que este Manual sostiene sobre cada cosa está en su sitio: el pesebre, en el capítulo «El nacimiento de Jesús» (bloque c_4, apartado «El pesebre»); la lámpara, en la ficha «Lámpara de aceite herodiana» del atrezo doméstico; la indumentaria, en el bloque c_3, «Investigación sobre la indumentaria del siglo I». Aquí se usan solo como contraste. ↩
YouTube, canal @VidasExtraordinariasYT, vídeo corto «La encerraron 30 años en un manicomio | Camille Claudel», youtube.com/shorts/i0Yca1ob7Po, visto el 17-10-2026, con la etiqueta «IA» de la plataforma bajo el título, locución doblada automáticamente y 3.300 «me gusta» ese día. Lo que permite afirmar: que se publica como contenido generado; que está hecho de planos de dos a cuatro segundos; que en el plano del torno, usado dos veces, la arcilla no cambia entre el principio y el final; y que hacia 1:22, en un mismo encuadre y en pocos segundos, las herramientas cambian de número y de sitio (una en el bolsillo y otra entre las manos; solo la del bolsillo; dos entre las manos y ninguna en el bolsillo). Lo que no permite afirmar: qué herramienta lo generó ni nada sobre quien lo publica. Es un vídeo de divulgación histórica, no de belenismo: se cita como prueba de que la escena del escultor trabajando ya se genera. ↩
Instagram, cuenta k9krafted, publicación instagram.com/p/DdmgzNvAdfo, del 22-9-2026, con la etiqueta «AI content» de la plataforma, vista el 17-10-2026 sin iniciar sesión: un diorama de nieve con un hombre con farol y un perro, fotografiado sobre una mesa de taller con botes de pintura, pinceles, gubias y virutas; el texto cuenta la historia del personaje, no cómo se hizo; las demás publicaciones de la cuenta repiten el mismo encuadre. Cuenta de dioramas de perros, en inglés, ajena al belenismo: se cita como el mismo procedimiento aplicado a otro tema. ↩
YouTube Help, «Disclosing use of GenAI content», support.google.com/youtube/answer/14328491, consultada el 17-10-2026: «We require creators to disclose AI-generated or altered content that seems realistic»; la etiqueta aparece «in the expanded description» o, para contenido fotorrealista, «a label in the video player may also appear»; «YouTube may automatically apply an AI label on the video player or in the expanded description» para contenido hecho con sus herramientas o con metadatos de procedencia (C2PA). La página no publica fecha de versión. Las políticas de plataforma cambian: lo que se afirma vale para esa fecha. ↩
León XIV, carta encíclica Magnifica humanitas sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, Roma, 15-5-2026, párrafo 100. Versión oficial castellana en vatican.va,
content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html. Cotejado el 20-10-2026. El párrafo 146, sobre la educación, repite el riesgo con otras palabras: que «el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento». ↩León XIV, Discorso ad artisti e curatori nell'ambito dell'incontro «L'arte della possibilità: tessere insieme», promosso dal Dicastero per la Cultura e l'Educazione, Sala del Concistoro, 2-10-2026. Texto original italiano en vatican.va,
content/leo-xiv/it/speeches/2026/october/documents/20261002-artisti-dce.html; versión oficial castellana en la misma dirección sustituyendoitpores. Cotejado el 20-10-2026. Traducción de las frases citadas en el cuerpo: «de manera particular en esta era de la inteligencia artificial, en la que se vuelve urgente distinguir el arte humano de aquello que producen las máquinas»; «existe una diferencia ontológica, incluso antes que estética, entre el arte y aquello que una máquina puede generar mediante un cálculo estadístico a partir de millones de imágenes ajenas» (versión castellana oficial). El discurso sigue con «Agli algoritmi manca la scintilla dell'umano» y remite a la encíclica, párrafo 122; allí la «chispa» que custodian la cultura y el arte es la capacidad de reconocer la injusticia como escándalo, no una diferencia con las máquinas. Lo que se dice de los algoritmos es del discurso, no de la encíclica. ↩